lunes, 19 de septiembre de 2011

De Iquitos a Leticia









El domingo 17, teníamos que proseguir Amazonas abajo, hasta Leticia. Como era de esperar, el "cuartelero" del hotel se quedó dormido y nos despertamos por nuestras propias sensaciones. A las 5 de la mañana, ya estábamos todos en la puerta del hotel y a las 5 y cuarto, en el puerto.
He sido el primero en embarcar en el Challenger IV, que es una lancha rápida.
Esta vez hemos escogido esta opción, en parte por ganar tiempo y, también por vivir otra experiencia,
Es una lancha rápida, con capacidad para 44 pasajeros, y que lleva una velocidad de 60 Km por hora. Es un poco claustrofóbico, pero es lo que es. Partimos puntualmente a las 5 de la mañana y, en las dos primeras horas todo fue tranquilo. Yo iba sentado adelante casi al lado del piloto y observaba todo lo plácido que iba el viaje aunque fuera en "una lata de sardinas". Al cabo de dos horas parecía como si hubiéramos dejado la "autopista" amazónica y hubiéramos entrado en una carretera secundaria. Olas pequeñas y multitudinarias chocaban contra nuestra proa y parecía que estuviéramos en una batidora. Chop,chop,chop, saltito para arriba y caída a plomo. Lo mejor para mis riñones. Felizmente fue como media hora nada mas, luego volvimos a la "autopista" amazónica.
A eso de las 11 y media paramos en San Pablo (el pueblo de los leprosos), pero no nos dejaron bajar, tan solo entregar unos paquetes y proseguir. Aparentemente era un pueblo de la ribera amazónica igual que los demás y el piloto tampoco nos dio explicación sobre la leprosería. A continuación nos dieron una especie de bandejita, una coca cola y... a comer como pudieras porque el barco no paraba. El menú, el típico: arroz con una presa de pollo.
Cometo una imprudencia, saco el brazo por la ventanilla para sacar alguna foto, pues íbamos por un brazo del río cerca de las orillas y... se me desata el correaje de la cámara y se me queda colgando en la muñeca. Menos mal, si no me amarga el viaje.
En Chimbote paramos ante un control "fluvial" de la policía y nos piden el pasaporte y el papel que nos dieron cuando ingresamos en Perú en inmigración. Esta vez lo tenía junto al pasaporte, recordando que cuando en el 84 vine a Perú y luego pasé a Bolivia, por culpa del dichoso papelito, pues no lo llevaba al pensar que no servía para nada, tuve que pagar al "poli" para que me hiciera otro y pudiera pasar al otro país.
La distancia que vamos a recorrer es de unos 470 Km, que son los que acortaremos a los más de 1.770 Km que hay desde Iquitos hasta Manaus.
Pasamos por un pueblito llamado Caballococha y en ese tramo del río ví mi primer delfín amazónico. No pude fotografiarlo, pero lo ví. Tambien en este tramo del río nos cruzamos con un barquichuelo que iba hasta los topes con arena de río, y nuestro "piloto" para mucho antes del encuentro para no desequilibrarle con las ondas que generaba nuestra lancha. A eso de las dos de la tarde, se desató una tormenta que impedía la visión a pocos metros. No se veía ninguna orilla. Despacito, despacito, seguimos avanzando y afortunadamente la tormenta pasó y para las tres de la tarde llegábamos a Leticia. Curioso lo de la policía de fronteras en Leticia ( Colombia).
No había aduana. Nosotros teníamos que ir a buscar a los aduaneros que están en el aeropuerto a unos cuantos kilómetros del muelle. Tuvimos que agarrar un motocarro para ir hasta la "aduana" del aeropuerto y el conductor del vehículo era Marco Aurelio Bernal, ciclista profesional que en el 91 corría con el Kelme. Total, llegar y para nada. Era domingo y los aduaneros se habían ido, así que tendríamos que regresar al día siguiente para regularizar nuestra situación en Colombia, como así hicimos. Y es que en esta cuestión de sellos en el pasaporte hay que andar con cuidado y tenerlo todo bien.
En Leticia fuimos al afamado Hotel Anaconda (se hospedó Javier Reverte en su Viaje por el Río de la Desolación), pero..., no nos quedamos. No es que no nos gustara, sino que nuestro presupuesto pese al regateo no daba para los 60 dólares diarios.
Nos vinimos a uno un poco mas modesto, Fernando Real, en donde la individual salía por 20 euros.
Yo había estado en Leticia en el 85 y como dije antes me metieron a la cárcel por no llevar el pasaporte a mano. De los personajes que conocí en aquella época, todos habían muerto: Antonio el de las cervezas, el padre Antonio, catalán que nos sacó de la cárcel, El Brisas del Mar que fue el "Local" donde nos alojamos, pero...,"el grillo", un riojano de 75 años seguía al frente de su café La Barra y charlé un rato con él.
Hoy hemos ido a Tabatinga para tramitar la continuación del viaje. Esto ya es Brasil aunque las dos ciudades están seguidas, pero hay que hacer otra vez el rollo burocrático.
Nos han dicho que el miércoles 20 hay un barco que baja hacia Manaus, pero el precio en camarote es muy alto y viajaremos en hamaca. Ya os contaré. Daniel

Leticia









Tres días en Leticia han sido suficientes para coger aire y fuerzas para proseguir hasta Manaos. Esta ciudad de 30.000 habitantes, y situada a solamente 77 m de altitud sobre el nivel del mar, aunque no tiene nada especial, es muy agradable. Yo la definiría como la ciudad de los "cascos de moto". La mayoría de gente se desplaza en motos de pequeña cilindrada, hay moto-taxis, que por un euro te llevan a cualquier lugar de la ciudad. Bueno, todo el mundo lleva el casco. El conductor lleva el suyo y otro en la mano para ofrecérselo al cliente, pero muchos de estos prefieren el suyo y van paseando por la ciudad con el casco colgado del brazo.
En estos días eran fiestas amazónicas, con elección de reina y festival para los tres pueblos: Tabatinga (Brasil), Santa Rosa (Perú) y Leticia ( Colombia).
Es curioso que estando los tres pueblos casi juntos, bueno Leticia y Tabatinga estan seguidos y tienen la misma calle, Santa Rosa sin embargo está al otro lado del río, sean tan diferentes. En Leticia el habla ya es cantarín. como hablan los colombianos que conozco. El ceviche ya no es el rey de las comidas, y se prepara de forma diferente al del Perú. Aquí el rey es el "tinto" ( vasito de café negro ) y los huevos pericos en el desayuno, amén de los jugos de mora, maracuyá, naranjilla, etc.
Casi todos los días para cenar "Pirarucú" a la plancha. El menú ejecutivo del mediodía es muy barato, unos dos euros y lo sacan bastante completito, eso sí, con arroz. No hemos hecho nada especial, disfrutar de la gastronomía y... todos los trámites burocráticos para entrar y salir del país, pues mañana salimos de Brasil
Pensé en ir a Puerto Nariño y desde allí al poblado de San Francisco, donde estuve viviendo unos días en el 85, pero no me venían muy bien las combinaciones de los barcos y además, la vida no es el pause y el replay, y seguro que no lo iba a encontrar como la imagen que tenía de hace 25 años.
No pudimos comprar camarote en el barco, por la diferencia de precio tan exagerada que había con la hamaca, así que con un poco de "miedo" por la espalda, tres días en hamaca. También hemos comprobado que nuestro portugués no es precisamente muy fluido y que casi no nos entendíamos con los aduaneros. Luego he recordado que en el 85 estuve una semana en Rio de Janeiro y no recordaba haber tenido problemas con el idioma. Indudablemente era más joven y más atrevido
Bueno, voy a fundir mis últimos pesos colombianos, preparar la mochila y dormir , que nos esperan tres noches en la hamaca. Proseguiré en Manaos . Agur. Daniel

De Tabatinga a Manaos por el río Amazonas
















El Día 20 de Julio, es miércoles, pero en Brasil es la cuarta feira y, además, es una hora más. Todo esto hay que tener en cuenta que si no luego tienes unas sorpresas que te descolocan.
Empezamos pues adelantando una hora el reloj y, después de desayunar huevos revueltos ( queríamos pericos, pero se equivocó la camarera), con dos motocarros como los de la India fuimos hasta el pueblo brasilero de Tabatinga.
No estamos mucha gente para embarcar, supongo que luego se irá llenando.
El barco es el Oliveira IV y está muy bien. Solo admite pasajeros y la posible carga que traigan estos, que en algunos casos es voluminosa. Son diferentes estos barcos brasileros de los peruanos, estos no tienen una gran superficie plana, ni bodega como los otros, sin embargo cabemos más pasajeros. En el nuestro alrededor de 200. Hay camarotes de dos plazas y suites. Los camarotes son caros, unos 800 reales que al cambio son casi 400 euros. Las suites son 1000 reales, o sea, unos 500 euros. Prohibitivo para nuestro presupuesto, o sea que como la mayoría de los mortales que viajamos en este barco... hamaca, que cuesta 170 reales, unos 80 euros y además están incluidas las comidas.
Los trámites aduaneros fueron duros, nos registraron bien todas nuestras mochilas y luego un registro personal exhaustivo en el que nos tocaron... todo, por ver si llevábamos droga ( supongo).
Me ataron la hamaca a los hierros (los empleados del barco) y me acomodé al lado de la televisión. Craso error como pude comprobar esa noche.
Subí al tercer piso que es donde se encuentra el bar y la terraza para charlar y tomar el sol además de fotos pero.... no sirven bebidas alcohólicas, ni cervezas, ni caipirinhas. Inconcebible en Brasil, pero resulta que el patrón del barco, pertenece a una secta evangélica de las que tanto abundan por aquí y lo ha dispuesto así. Al cambio 1 euro son 2,3 reales, para hacer los cálculos, lo mas fácil es dividir por 2 y así siempre salimos ganando.
Lo que resulta increíble, con los días que llevamos de viaje, es que aún no nos haya llovido aquí, cerca de la línea equinocial del ecuador y, mejor todavía, no hay mosquitos. Increíble ambos factores.
Salimos a la hora, a las doce en punto, algo inaudito en los barcos estos, y para la 1 y cuarto estábamos en Benjamín Constant. Había aquí un compra~venta constante entre los del barco y las vendedoras del muelle. La mercancía eran telas y almohadones. Con el tiempo vimos la utilidad de ambos y el porque vendieron tantos.
El viaje algo soso. Cuando estoy contemplando las orillas desde la terraza del piso superior, se me acerca un tipo con una larga coleta, gorra con la efigie de París, y me habla.
Me había visto en Leticia, se llama Ricardo, es de Zaragoza, y trabaja en la Guayana Francesa. Genial
Le asalto a preguntas sobre Manaos, Belen y la Guayana. Lleva 20 años viajando y viviendo fuera de su Zaragoza natal. La última vez que fué a Zaragoza para quedarse un tiempo largo, aguantó tres meses; echaba en falta, el color de la selva, los olores y la gente de suramérica y en especial del Caribe.
Me comenta que el viaje hasta Manaos, se nos va a hacer muy largo, pues lo normal en estos barcos brasileros es que haya cerveza, caipirinha, altavoces y música a todo volumen y así la gente se enrolla, se divierte, algunos ligan y el viaje se hace más ameno
La explicación a todo esto es lo del dueño y las sectas evangélicas que aquí proliferan como las plagas de Egipto.
Los pueblitos que se ven en las orillas, están mucho mas cuidados y conservados que los peruanos y todos tienen techumbre de calamina, puertas, ventanas y cerrados los laterales.
Llegó el atardecer y... no hay mosquitos, pero a eso de las 7 y media de la tarde, siendo ya noche cerrada, empieza a caer una plaga de cucarachas o escarabajos voladores gigantescos, atraídos por la luz del barco desde las orillas de la selva que hacen que el suelo se vuelva negro. Pero eso no es lo mas importante, lo que realmente fastidiaba es que también caen sobre ti, proporcionándote un toque de unas sensaciones indescriptibles,... de asco. Te asustas, le das un manotazo y se lo tiras al que más próximo está de tí. Al cabo de una hora el piso estaba negro, caían de espalda y morían, tú los pisabas y... cra-cra-cra, crujían.
Lo malo fue que como mi hamaca estaba cerca de la televisión también me caían dentro y no podía dormir, me levanté enfadado y me subí al bar a ver pasar la corriente de agua, las estrellas y todo lo que hiciera falta hasta que desaparecieran las cucarachas gigantes.
Cuando volví aún tuve que pelearme con dos o tres, pero luego se paró el ataque y pude medio dormir vigilante ante el acoso de los bichos asquerosamente negros.
A la mañana siguiente me fui a desayunar al comedor del barco o refrectorio. Un pequeño habitáculo con capacidad para 20 personas. Los demás hacen "cola" hasta que termine el turno y luego entran.
Como ya nos había adelantado Ricardo, a eso de las 7 y media, en San Antonio de Ica, subió la policía brasilera al barco. Un registro superexhaustivo a cada uno de nosotros, (menos a mí, casualmente). Vaciaban el contenido de las maletas, inspeccionaban los fondos y echaban líquidos de contrastes, supongo que para detectar drogas. Hasta estuvieron por rajar una zapatilla de deporte porque aparentemente pesaba más de lo normal. Los flotadores del barco tampoco se salvaron del registro. Al final, no hubo detenciones y proseguimos el viaje. Para comer, lo de siempre, arroz y pollo. También había espaguetis y, estaba bien guisado. Yo como lo que me echen.
En este segundo día, por la tarde, la gente pasa el tiempo como puede, unos jugando al dominó, otros como mis amigos a las cartas y, otros tratando de adivinar en las miradas con quien se puede ligar. Yo contemplo el Amazonas para distinguir los bufeos o delfines rosas.
Ricardo con una "cuadrilla ' de extranjeros, consiguieron " cachaza" en una de las paradas del barco y han hecho "corrillo" para trasegarla. Aunque gentilmente me invitaron, deseché la propuesta. Yo casi como el patrón del barco, medio evangélico hasta que lleguemos a Manaos.
También curioso lo del patrón este, en el comedor obligan a todos a comer sin gorro de ningún tipo, a cabeza descubierta; serán normas evangélicas que todos acatamos si queremos comer.
Por la noche temíamos el ataque de las cucarachas, pero hubo menos enemigos que la noche anterior. Sin embargo a Zarra y a Gema, a eso de las cuatro de la madrugada, les penetró un bicho de estos por el mosquitero (habían instalado un mosquitero) y montaron un escándalo de aupa con el susto y la sensación que da el puñetero bicho.
La mayor preocupación de la parte de arriba, donde está el bar, es manejar bien la manivela que comunica con la antena giratoria de la televisión, para seguir las telenovelas.
El viernes 22, terminé de leer la Locura Equinocial de Lope de Aguirre, de Ramón J. Sender, y comencé a leer Manos de Vazquez Figueroa, para ambientarme (al final del día también lo había terminado).
Los argentinos vinieron y me grabaron una entrevista, dijeron que era para una televisión local argentina. Lo cuento por si acaso alguien me ve por el país de los "Ches" y no sabe de que va el asunto. La comida igual que los demás días, salvo la variedad de carne por pollo. No quiero echarme la siesta en la hamaca, porque luego me cuesta dormir.
Felizmente este día no fue malo del todo, se estropeó la antena de la televisión, no sufrimos el asedio de la policia de río, y... las temibles cucarachas no hicieron su aparición. Quizás navegáramos algo más lejos de las orillas y no tuvieron fuerzas para llegar hasta el Oliveira IV. Los argentinos pasaban la tarde alrededor de su "mate", pero habían pagado 1000 reales por cada suite y tambien tenían que hacer "cola" para comer y las cucarachas no hacían distinciones entre los de hamaca (nosotros), camarote o suite. A todos sorprendían desagradablemente. Me costó dormirme esta tercera noche y a eso de las 12 de la noche estaba tratando de adivinar desde la terraza del bar cual era la Cruz del Sur que habíamos visto la noche anterior. Creo que la localicé pero no estoy seguro. Lo que sí localicé fue a un francés, marsellés, (llevaba grabada en una pierna Made In Marsella), ligando con una brasilera con la excusa de sacarle un foto. Se como acabó la noche, pero queda en los pormenores y anécdotas del viaje.
Mañana por la mañana llegaremos a Manaus y tengo unas ganas locas de pillar un Ciber Cafe y ver las noticias del Tour y vuestras notas.
El día 23 sábado a eso de las 8 de la mañana entrábamos en el Río Negro. No pudimos ver bien la famosa divisoria de las aguas negras de uno y chocolate del otro. Para cuando nos dimos cuenta el agua era totalmente negra.
Divisando los rascacielos de Manos aún tuvimos la visita de la policía, aunque esta vez no nos registraron sino que contaron los flotadores, lanchas salvavidas y toda esa infraestructura del barco.
Por fin a eso de las 10 del día 23 entrábamos en la mítica Manaos.
Fuimos con nuestras mochilas hasta el residencial Rio Negro Guest House, que había leído en el libro Calle Amazonas de Bernardo Gutiérrez y.... estaba completo. Por más que le enseñé a la señora el libro donde se mencionaba el lugar, y el nombre de su marido que era alemán y se llamaba Federico, me dijo que lo sentía, pero que el hostal estaba lleno y que su marido... había muerto en este último año. Ya sabeís, te acompaño en el sentimiento y... a buscar otro hotel, que felizmente, tras muchas vueltas, regateos, amagos de escape y todas esas artimañas que utilizamos, conseguimos a un buen precio en el Internacional hotel, cerca de la Plaza de La Matriz y al lado de la Avenida 7 de Setiembre.
Por la noche fuimos al Opera House y, de verdad, quedé impresionado. Mucho sería decir que merece un viaje por ver esto y sobre todo por imaginarte lo que fue en los años anteriores y posteriores al 1.900 cuando la industria del caucho estaba en su esplendor.
De verdad, impresiona el edificio. Nos quedamos a cenar como turistaas ricos en la Plaza San Sebastián, contemplando al alcance de la mano el palacio de la ópera iluminado y degustando una dorada bastante salada, con bien de cervezas. Buen momento para disfrutar del Teatro de la Ópera, un edificio construido por aquellos extravagantes señores caucheros que mandaban la ropa a lavar a Londres o a Lisboa y que construyeron una fuente que manaba Champan Francés en plena selva amazónica, pero esa es otra historia. Disfrutaré estos días del Palacio de la Ópera, del puerto flotante y.... de las caipirinhas. Agur. Hasta otro día, hoy ya teneís bastante lectura. Daniel

Manaos
















Manaos es la tierra de los manaos,, aunque no queda ninguno. Su nombre evoca selva, anacondas, rio, y...caucho. Hay ciudades que su nombre es muy sonora como Katmandhu, Tumbuctu, Samarcanda,etc..., que sientes una atracción especial por conocerlas, aunque parezca un poco absurdo, solo por el nombre. Manaos es una de ellas.
Manaus son para mí tres cosas: Opera House o el teatro de la Òpera, Praza Matriz y el Muelle flotante.
Siempre había sonado con ver el Palacio de la Ópera y lo he conseguido. En los cuatro días que he estado en Manaos... he ido los cuatro. Quizás no sea maravillosa su construcción, supongo que habrá otros mejores, pero... el lugar donde está no tiene parangón. Tú lo ves en el alto de una calle, con la plaza de San Sebastián a sus pies y te transportas. El teatro, no es solo lo que es, tu imaginación juega mas, y ves los palcos y te imaginas al cauchero Sierra y a esas señoras vestidas con abrigos de visón, viendo y escuchando ópera sin tener ni idea y vives un sueño. A mi me ha gustado, pero quizás o tal vez porque quería que me gustara.
El segundo día de mi estancia aquí hice una visita guiada por el interior del teatro y disfruté, aunque mi portugués no era muy bueno. Los demás días vine por mi cuenta a contemplar los exteriores y esas escalinatas que conducen desde la plaza hasta la puerta principal y transportarme en el tiempo.
Manaos tuvo que ser el no va mas allá por el 1900. Ahora se ha quedado convertida en una ciudad extraña. La basura abunda por todas partes, huele mal, pero tiene vida.
Toda la ciudad es un inmenso mercado. Es puerto franco, pero los precios son como los de allá. Yo quise comprar un reloj con altímetro (es un decir) y me pedían primero 900 reales y luego 780, osea unos 350 euros, allí se quedó, claro. Las comidas tienen el mismo precio que en Pamplona y un café por ejemplo vale algo más de 1 euro.
El puerto me gusta mucho. Ese ambientillo de gentes de todos los colores y tallas; gordas, blancas, negras, todas con ropas apretadas y chillonas. Se puede tomar una cerveza y contemplar la fauna teniendo a tus espaldas el Rio Negro, que en verdad, si que su coloración es negra. Aquí he venido varios días, solo o con mis amigos, como el lunes pasado que vinimos a cenar, y nos pusimos bien de cerveza. Lo rematamos con unas caipirinhas cerca del hotel.
Pero toda la ciudad son tiendas y más tiendas. Aparte de éstas hay cientos de chiringuitos en los que prácticamente se vende lo mismo en todos ellos: material de informática, telefonía y todas esas cosas, y ropa barata.
Aún no he picado, porque ya digo que los precios son como en Pamplona.
La plaza de Matriz es un enjambre cerca del puerto, lleno de chiringuitos, vendedores y también de rateros, como pudimos comprobar.
Éste ha sido mi mundo en Manaos, puerto, teatro de la ópera, algún chiringuito que otro y lectura en el hotel
Al mediodía hace mucho calor para estar por la calle. A las seis de la tarde se paraliza la actividad comercial, y el sábado y domingo está todo cerrado, hasta el chiringuito más miserable. No se ve a nadie por la calle. Quedan desiertas, ver para creerlo.
No he hecho nada más aquí, pero como dice Vázquez Figueroa, ... el mundo estaba ahí y yo lo vi. Tenía ilusión por ver Manos y conocer el teatro de la Opera y lo conseguí.
Mañana partimos para Belem do Para. Comenzaremos en el Rio Negro, intentaremos ver la divisoria de las aguas en su encuentro con el Amazonas, y luego ya proseguiremos el viaje por el majestuoso Amazonas hasta su desembocadura. Agur. Daniel

De Manaus a Belem do Pará























El 27, miércoles, nos levantamos para las 7 y desayunamos bien, que luego nunca se sabe. Cambié algo de dinero en un cajero para ir tranquilo y acto seguido, con las mochilas al hombro, nos encaminamos hasta el muelle flotante de Manaos. Compramos los pasajes al precio oficial, 200 reales y nos encaminamos a nuestro barco, el Amazonas Star.
Para las ocho y media ya habíamos colocados nuestras hamacas (red). Es importante venir pronto y así poder elegir sitio para colocarla. A Zarra por unos minutos, se le traspapelaron los pasajes y no los encontraba, finalmente los encontró y se pasó el susto. Nuestros pasajes eran para el segundo piso y decían que tenía aire acondicionado. Son ya las 10 de la mañana y como el barco no sale en teoría hasta las 12, la familia que se ha instalado a mi lado, saca los platos y a zampar. El más pequeño teta, claro está. Otros extranjeros han venido y han colgado sus hamacas a nuestro lado. Es algo así como autoprotección. El barco es grande, tiene cabida para más de 700 pasajeros, y hay letreros con Salmos por cualquier sitio. Poco a poco va subiendo más gente, no mucha.
Increíblemente hemos salido a las 12 que era la hora anunciada, pero a las 12 y media estábamos en otro muelle de Manaus, donde ha empezado a subir gente en cantidades industriales. El caso es que casi nos quitan el sitio, metiendo sus hamacas entre las nuestras. Ahora vamos "apretaditos". En el bar se despachan cervezas y hay música.
A mí que voy "solo" el mundillo este de mucha gente y un poco de follón me gusta. Ahora estoy escribiendo en la "terraza" contemplando Manaos y tan a gusto.
He podido hablar con Ricardo el aragonés, iba en otro barco muy próximo al nuestro, aunque mas viejo también con destino Belem. Alli quedamos, ya veremos si nos vemos.
A eso de las tres y media del mediodía comenzamos a movernos. Leí y casi terminé Calle Amazonas, el libro que cuenta las peripecias de Bernardo Gutiérrez en su bajada por el Río desde Manaos hasta Belem.
Observo desde mi asiento en la terraza como una joven madre está venga teclear el móvil, y a su hijo pequeño no le hace ni caso. El crío quería mear, bueno, finalmente la madre se dio cuenta y... alli mismo por la cubierta del barco dejó una "regata", total, el sol la secará en unos instantes, como así sucedió.
Nadie se pone nervioso con la tardanza de la salida, la gente se saca fotos con Manaos al fondo e incluso saludan a aviones militares que nos sobrevuelan.
Manaos está sobre el Rio Negro, unos 15 Km más arriba del Amazonas. A la media hora de partir vimos muy bien el encuentro entre las dos aguas. Se ve perfectamente el trecho que corren paralelas las aguas, sin que el Amazonas diluya las aguas del Negro. El capitán nos dejó pasar al puente de mando y desde allí Zarra y yo tiramos unas cuantas fotos a este encuentro de las aguas.
Más tarde vino una chica con varias cajas de zapatos y colgó la hamaca donde las nuestras, nosotros la llamábamos "la de los zapatos", hasta que ella nos oyó y nos dijo que se llamaba Paola.
La gente en el barco se divierte como puede. Las partidas de dominó y de cartas se llevan la palma.
Después de cenar televisaban el Santos- Flamingo. Se vivió con "pasión" por parte de las "torcidas" de ambos equipos que había en el barco. La mayoría eran hinchas del Flamingo, donde juega Ronaldinho, pero había un respeto hacia los hinchas del Santos donde juega Nylmar. El partido acabó con un sorprendente 5 a 4 favorable al Flamingo, pero el mejor del partido fué Nylmar. Me pareció fabuloso. Estuvo interesante compartir el partido con ambas hinchadas y observar su comportamiento, sus gritos, saltos y hasta lloros.
A eso de la 11 de la noche,a la hamaca. Como estamos tan apretaditos, uno me mete el pie en la cara, con otro tiemblo de que se le desate el nudo de la hamaca y me caiga encima. A mi izquierda tengo un poste con el que choco, pero que también me sirve muy bien para darme balanceo y para ayudarme a bajar del chinchorro, que según a qué edades no es tan fácil como parece y hay que buscarle el punto de apoyo para bajar y no salir despedido.
Ah!, las temibles cucarachas o escarabajos gigantes negros no vinieron. Sería que como navegamos por el centro del Río y a partir de la desembocadura del Negro es muy ancho, las orillas quedaban lejos.
Dormí a ratos, supongo que como los demás extranjeros, porque los "nativos" le tienen bien cogido el truco a esto de las hamacas y duermen de través, dos e incluso tres en las posturas más inverosímiles para mi.
El mayor hincha del Flamingo intenta vendernos mascotas de su equipo.
El día 28 de julio, jueves, para mí amaneció para las 5 y media, pues a esas horas ya estaba en la proa del barco fotografiando la aurora. Entable conversación con una chica muy guapa que había en el barco y cuando le pregunté a ver cuanto ganaba me dijo, que el salario mínimo que son 545 reales. Muy poco dinero para lo cara que esta la vida en Brasil. Una cerveza cuesta 3 reales. Pasamos ahora por un pueblo limpio que se llama Parintins mencionado también en el libro Calle Amazonas. El día transcurre monótono. En un barco del Amazonas hay muy poco que hacer salvo tumbarse y dormitar, leer si tienes luz, tratar de hablar con desconocidos, pasear de cubierta en cubierta y reflexionar sobre todo lo que no tiene arreglo: la vida, la muerte, la vejez, lo que has hecho hasta ahora, lo que habrías podido haber hecho, ....
A eso de las 11 y media a comer. Aquí no esta incluida la comida sino que tienes que pagar un vale de 8 reales e ir al saloncito donde todos los días dan lo mismo: arroz, frijoles, tallarines un poco de ensalada y carne o pollo. Siempre lo mismo, tanto para comer como para cenar. Vas a comer por romper un poco el tiempo. Después, hamaca, lectura, cerrar los ojos,etc...
A eso de las 12 y media llegábamos a Juruti. Aquí baja gente, entre ellos una chica negra que iba con una pamela blanca y a la cual fotografié.Desgraciadamente el gorde que me mete el pie en la cara no se baja, creo que tendré que soportarlo hasta Belem.
Son las 2 del mediodia y seguimos en Juruti. Han subido 5 tipos de la poli, estilo hombres de Harrilson, con el dedo en la metralleta. Creo que al único que han molestado con los papeles es a un negro negro, que es etíope aunque vive en Nueva York. Por fín, a las 2 pasadas salimos.
Dormí la siesta o lo que sea porque aquí las horas tienen un sentido diferente.
Nuestra siguiente parada de ese día fue Obidos, cerca del río Trombetas, lugar a donde huyeron esclavos negros que se escaparon de las plantaciones y se instalaron más arriba de la primera cascada de este río fundando unas poblaciones llamadas Quilombos, que vinieron a ser un África dentro de la selva amazónica y que formaron parte de las historias de la amazonía.
Sigue sin llover, y no hay mosquitos. No me lo puede creer. Los atardeceres al no haber nubes y estar tan lejos el barco de las orillas, no son tan espectaculares como los que vi muchos años antes.
Navegamos a una velocidad de 14 ó 15 nudos, pero creo que hasta el domingo no llegaremos a Belem. Imaginad una distancia de 1.700 Km y recorrerla a 20 Km por hora, vereís lo que cuesta, Eso es lo que hacemos. Pero aquí la gente no se inmuta ni mucho menos , ni por el espacio, ni por el tiempo, ni por los baños.
Los baños no están bien y eso que hay una persona encargada de su mantenimiento, pero huelen fatal y hace un calor espantoso. Las chicas que van en el barco se cambian dos y tres veces de vestido, salen de las duchas como princesas. Llevan la mayoría dos grandes maletas, en una la ropa y en la otra los maquillajes, cremas, desodorante y todo lo que podáis suponer, total para subir al bar e irse luego a la hamaca. Coquetería femenina acentuada en estas mujeres brasileñas.
Yo en cambio, me puse el "traje de faena" para los cinco días de barco y hasta que lleguemos a Belem nada.
Que conste que cuando compramos los pasajes nos dijeron que llegaríamos el sábado y que el barco iba directo. Lo que ocurre es que la interpretación nuestra de directo es diferente a la de ellos. Este barco para en todos los pueblos. Directo debe querer decir que vas todo el rato en el mismo barco, sin hacer transbordo. Ay! me acaba de caer una cucaracha y son las 9 menos cuarto de la noche, antes caían a las 7 y media, ahora como la orilla está más lejos les debe de costar bastante más llegar y a pocas.
A eso de las 10 de la noche llegábamos a Santaré. El puerto se ve moderno y hay un gran silo de la empresa Carguil, que carga soja en un carguero gigante chino. Santeren debe de ser el mayor productor de soja mundial. Estamos al lado del rio Tapajós y vamos a pasar la noche anclados aquí.
A la mañana siguiente un paseo por el puerto de Santarem que estaba llenísimo de barcos de pequeño y gran calado para recorrer los pueblos ribereños del Tapajós y del Madeira que desemboca un poco mas adelante. Luego rápido al barco, porque en cuanto empieza a subir gente, tiemblas, pues aunque crees que ya no hay sitio para mas hamacas, ellos te demuestran que al lado tuya aún cabía alguna mas,
Salimos de Santarem y por la tarde nos desviamos por un brazo del río para llegar a Monte Alegre. Antes ví un precioso delfín rosa (boto), nadando paralelo al barco.
También ví en este pueblo algunas lágrimas de despedida de enamoradas cuando el chico cogía el barco.
El día 30 de julio por la noche, el barco volvió a parar dos veces, una fue a eso de las dos de la mañana y la gente que estaba en el embarcadero, tenía una juerga de aupa, luego a las 3 otra vez y ahora subieron un montón de vendedores, al grito de : ! queso! !queso! Nadie se enfadó ni les mando callar.
Nosotros queremos llegar; sin embargo, la gente de allí lo que quieren es estar, sin preocuparles la hora ni el tiempo, ya llegaremos.
El espectáculo de la mañana es otro. Desde la ribera vienen decenas de embarcaciones, piraguas pequeñas manejadas por niños y en algunos caso por las madres. Son los riberinhos. Se colocan perpendiculares al barco y a una distancia prudencial y desde el barco, la gente les va arrojando bolsas de plástico, con ropa o comida. Ellos la recogen una o dos según la suerte y regresan para sus orillas. Es algo ya admitido y se ve como algo normal. Más adelante vamos a ver un espectáculo mas curioso y arriesgado. Piraguas tripuladas por dos niños esperan que el barco pase cerca de ellos, entonces reman con todas sus fuerzas y... lanzan un gancho muy largo para atrapar las ruedas de camión que lleva el barco como parachoques. Una vez enganchado el hierro, sujetan fuertemente y se ponen paralelos y rozando el barco. Con cuerdas logran amarrar la piragua al casco y luego trepan por las ruedas para subir a cubierta y vendernos las frutas que traian en unas cestitas, en este caso guayaba . Increíble la fuerza y la maña para hacer todo esto.
Seguimos por el Amazonas, pero luego tendremos que coger un "estrecho" para ir hacia Belem. Tenía yo interés por ver donde se cogía este cruce y vi que era en un pueblo que se llama Breves, a partir de aquí volvemos a coger el río grande. El atardecer de esta nuestra última noche en el barco es muy bonito.
Por fiín, el día 31 de Julio a las 6 y media de la mañana , como los pastores siguiendo la estrella, veíamos los rascacielos de Belem y entrábamos en el puerto. Habían sido casi 5 días de viaje, pero lo que empezamos el 1 de Julio en Lima, en el Pacífico, lo finalizábamos hoy 31 de Julio en Belem a las puertas del Atlántico. Habíamos recorrido suramérica de oeste a este quizás por su parte mas ancha y... lo habíamos conseguido. Estábamos contentos. Daniel