martes, 5 de septiembre de 2017

PANAMÁ - PERÚ 2017



PRIMEROS DÍAS EN PANAMÁ

Crónica del día 4 de julio

Me levanto a las 6 1/2, me voy a la cafetería Shely a pocos metros de casa, tomo mi café negro con dos hojaldras y vuelvo a casa. Hablo un ratito con mis suegros, leo a Vargas Llosa y..., me vuelvo a la cama. Así van transcurriendo mis primeros días en Panamá, y es que el calor...., es agobiante.
El viaje comenzó el 2 de julio, a las 4 y media de la madrugada desde Pamplona. En Barajas 4 horas de espera y luego 10 horas de avión desde Madrid hasta la capital panameña. 
Nada que destacar del viaje, lo de los ligues y las azafatas guapas y todo eso que sale en las películas, es eso, películas. La realidad es que te metes en una especie de caja metálica y durante 10 horas, casi ni pestañeas. A mí me gusta ir viendo la trayectoria del vuelo, y como datos curiosos os digo que el avión volaba a 11.000 metros de altura y con una velocidad media de 870 km/h. Total más de 10 horas de vuelo.
Panamá nos recibió, con tremendo aguacero, como dicen aquí. Con una comitiva que ni el Papa, fuimos hasta la casa de mis suegros. Esta vez no hubo sobresaltos con las maletas ni en el paso de aduana, aunque me pidieron que mostrara el vuelo de vuelta.
El día 3, lo dediqué por la mañana a hacer compras y a la tarde fui al hospital, a ver a Yolanda, madre de mi amiga Mavi. Aquí paso a contaros lo que me ocurrió en este hospital llamada Santo Tomás, lo definiré como el Predicador y el Portero.
Llegué con unas medicinas que traía de España como a eso de las cinco y media, pues las visitas eran de seis a siete. Una "cola" tremenda daba vuelta al edificio. Pregunté al primero de la fila y me dijo que efectivamente ésa era la cola de las visitas, pero que antes tenía que sacar un tiket de visita en la ventanilla que se encontraba al final de la cola.


Le hice caso y fui a la ventanilla. Allí no había cola, pero una empleada muy celosa de su trabajo me dio a entender que solamente se daban dos pases por paciente y que ya los habían retirado. Le quise hacer ver que mi situación era un poco especial, que venía de lejos para entregarle a la paciente unas medicinas y que me iba. Sin hablarme, solamente con un ligero movimiento de 45° de su bolígrafo me despacho de allí. ¿Qué hacer? La "bombilla" se me iluminó, cuando vi que un predicador, de esos de bien vestidos, con camisa blanca y corbata, pelo engominado hacia atrás y una muy buena voz, aprovechando la gran cantidad de gente que estábamos hablaba y hablaba, consiguiendo aplausos y también  dólares. Me dirigí hacia él en un receso de su discurso y le dije a ver si por favor podía decir que se presentaran allí los familiares de Yolanda Zárate, pues yo no les conocía y así entregarles las medicinas que traía. Yo en mi ingenuidad creí que lo haría encantado, tal y como "predicaba" caridad, hermandad, hagamos el bien, Dios es bueno, aquí salió curada una persona con enfermedad incurable, porque creyó, y todas esas cosas.


El predicador, no era Fray Gerundio de Campazas alias Zotes, me dijo al oído: mire, ve esa cola la recorre va hasta la ventanilla donde dan los tikets de  visita y ya está. Aún me dijo con retintín: vaya, vaya.  Yo le pasé la mano por el hombro y le comenté en voz altas; sabe lo que le digo: QUE SE VAYA USTED A LA MIERDA. Su respuesta fue pedir un aplauso a sus seguidores, supongo que para este pecador. Algunos aplaudieron y él siguió a lo suyo, osea hablar y recoger dólares. 
¿Qué hacer ahora? Mi táctica había fallado, ahora empecé a preguntar a cada grupito de unas cinco personas por ver si alguien era pariente de Yolanda. Algunos se interesaron por mi caso y me hablaban, pero nadie decía YO. Cuando ya había dado un montón de "charlas", una persona me dijo que era su hijo. Yo no le conocía. Hablamos un rato le dí las medicinas y el me dijo, que siguiera con él en la fila que ya entraría.

Abrieron las puertas de visita y la " cola " iba rápida. Yo fui a pasar, pero el portero, un tipo como esos de las discotecas que parecen todos armarios de gimnasio, me echó el alto al no llevar yo el famoso tiket. Le conté que venía desde España a traer unas medicinas para una paciente y que solamente iba a estar 5 minutos.
Él me dijo que: como si viniera de Rusia, que no pasaba sin el tiket. Yo ya no sabía si reírme por todo lo que estaba pasando o qué. El hermano de Maví se puso a hablar con él con eso de hermano, mire usted que venimos de… y entre el tumulto que se acumulaba en la puerta, hizo oídos sordos o si cerró los ojos y... pude pasar al famoso Santo Tomás. 
Cuando bajé, ya no había ni portero, ni predicador. La cola se había disipado y aún quedaba media hora para poder hacer la visita... En fin, busqué la boca de METRO y regresé a la casa, riéndome por el camino de mi respuesta al predicador. Quizás en su próximo sermón, me mencione.
Continuaré aquí en la capital hasta el día 6 que me iré al Valle de Antón. Desde allí enviaré alguna crónica. Agur. Dani




EL VALLE DE ANTÓN



Crónica del día 9 de julio



Ya llevo una semana en Panamá y mañana día 10 comienzo mi aventura en solitario por Ecuador y Perú. Es una pena porque Panamá es un crisol de razas, el 82% de población es mestiza, blancos, negros, chinos, antillanos, y todas las mezclas imaginables entre los que había y los que se quedaron después de la construcción del canal.
Tienen un denominador común. Yo hablando de la gente que observo en el METRO, puedo decir que la gente es guapa y elegante. Ningún hombre va con pantalón corto, el único que lo hace soy yo. Alguna mujer lo lleva, muy pocas .Ninguna lleva esas camisetas cortas que se ven en nuestro país que muestran la tripa. Aquí, las mujeres van marcando formas, con unas minifaldas  y escotes, imposibles de llevar en España. Ropa muy, muy apretadita  es el denominador común. Las "gordas" marcan su territorio con el trasero, sin ningún complejo de "fuertotas". La mayoría maquilladas y con un culto al cuerpo. Esto me recuerda a cuando me sentaba en Delhi en el Barrio de Pahargan y me sentaba en una terracita y... a ver pasar gente.
Bueno, el caso es que el día 5 todavía estaba en la capital. Con mi cuñado Marquitos. Fuimos a echar un curriculum, para trabajar en unas obras en la zona denominadas El Cangrejo, que es zona de gente acomodada. 
Cuando pasábamos por una obra, se puso a conversar con un negrazo impresionante que "trabajaba" en la obra, y al preguntarle yo a ver de qué trabajaba ése, pues ni pico ni pala, ni manguera ni nada, me dijo que era: Seguridad de los Huelguistas. Al ver mi cara de sorpresa, me comentó que no trabajaba nada, pero se encargaba de vigilar que todos trabajaran con toda los elementos necesarios: casco, botas, chaleco, guantes, etc. Que sin duda era el mejor trabajo. Lo dejé echando los papeles en la obra y me fui al Casco Antiguo. Ahora ya va a ser el Casco Nuevo, pues han echado ya a todos los negros que ocupaban unas casas señoriales y lo están remodelando totalmente. Quiere ser como el casco Antiguo de Cartagena de Indias. Aún les falta, por ahora muchas obras. Mantienen la fachada, vacían el interior y luego vuelven a lavar la imagen de la fachada. No caminé a gusto, por las obras, aunque sí fui a ver La Plaza de los franceses, La Compañía, El Arco Chato, y la iglesia de San José de los Mercenarios. 
Como ya va siendo habitual fui al Moll de Albrook y compré unos Levis. Ellos dicen livay. En todo el Moll, con la cantidad de restaurantes que hay, no hay ninguno que sirva cerveza, tuve que salir fuera por la salida de la jirafas que da   los dinosaurios y dirigirme a un restaurante italiano, llamada Giorgyos, donde sí  servían cerveza.
Al llegar a casa tenía noticias de mis amigos Zarra y Gema, que ya habían llegado a Panamá, pero que sus maletas se habían quedado en París. Se dirigían ya al Valle.
El jueves día seis me levanté pronto, no había dormido bien, pero cuando me dirigía a mi cita diaria con el café negro y las hojaldras, me encontré 5$ en el suelo. Buena señal, pensé yo. Luego, aunque la señal era buena, no hubo nada más. Para las ocho y media cogí el busito para ir al Valle.
Este pueblo situado a 120 Km de la capital es un lugar privilegiado. Rodeado de montañas, ocupa el cráter de un volcán apagado de unos 6 Km de diámetro, o sea unos 30 Km cuadrados de superficie. Como está a 630 m de altitud, tiene un aire acondicionado natural.  Los ricos de Panamá y también extranjeros se han construido aquí unas mansiones impresionantes, de hecho hay una calle a la que llaman de "Los Millonarios". 
Como no había podido contactar con José Carlos, me fui a comer al Don Quijote, y desde allí con una bici, viejita, me dirigí después de haber contactado con mis amigos a la casa hospedaje que José Carlos tiene y que se llama Donde José. Aparece en Brooking y tiene muy buena calificación. Son tres habitaciones, él ocupa una y las otras dos las alquila.
Al fin vinieron todos y es que como no habían recuperado todavía las mochilas, fueron a la "Capital" de esta zona, llamada Coronado, a comprar la ropa más elemental. A la una de la madrugada les llegaron las mochilas, pero este es otro cantar.
Yo había estado con José Carlos y con su compañera de entonces María en la mansión que ocupaban el año anterior. Habían dejado su relación pero antes de dejarlo tuvo lugar una historia curiosa que cuando me la contaba José Carlos, me moría de risa. Es así más o menos.
Un día vino al Valle la madre de María, pero como la hija no la aguanta se sacó una excusa y se fue a Panamá dejándole a José Carlos con la "suegra". Este fumaba en pipa por la situación porque además por aquel tiempo tenía que vender aceite a algunos de los pueblos de al lado, con su furgoneta. El caso es que por no dejar a la madre sola se quedó en la casa con ella hasta que volviera María. Contome  cómo le llevaba a misa, le hacía la comida y demás. Cuando finalmente llego la hija, María, la madre le comentó: María, no te conviene este hombre, es un "flojo", que siempre está en casa.  Para tirarse por el suelo con ese comentario.
El viernes día 7 decidimos subir a la India Dormida. En todos los países hay una india dormida o muerta o india catalina. Basta con tener un poco de imaginación con una forma de montañas y ya tenemos India Dormida. 




El caso es que salimos los cuatro, pero el camino estaba resbaladizo. Había que subir a 980 m. El camino era bonito con cascadas a los lados. Gema resbalaba constantemente y decidió no seguir. Zarra se quedó con ella. José Carlos y yo para arriba. Cuando ya habíamos subido la montaña y nos quedaba la última rampa final, el corazón empezó a irme a mil por hora. A la cabeza me venía el recuerdo de mi amigo Javier Casajus ( Pedrete), que en el 2013, falleció de un fallo cardiaco en el Pirineo, y... aún me iban más rápido los latidos. Me paré y le dije a José Carlos que no seguía más, aunque me quedaban 15 minutos para la cumbre. Me había entrado pánico con los recuerdos. Cogí aire y poco a poco comenzamos a descender. No alcanzamos la cumbre, pero si el suelo de donde partimos. ¿Fracaso ó triunfo? No analizo, solo sé que estoy bien, y si hubiera seguido, vete a saber.
Para celebrar nuestra hazaña fuimos al D. Quijote a comer y nos pusimos morados. Después a echar unas cervezas por el pueblo, y como José Carlos conoce a todo el mundo, nos presentó a "Chacal". Un señor mayor, bueno 64 años, que era la viva reencarnación de Dersu Uzala. Hasta llevaba palo y todo. Nos sentamos alrededor de una mesa y vino lo mejor del día: escuchar las historias de Chacal.
Había actuado de guía para el juez Garzón un día que vino al Valle con una niña de 5 años. Lo llevó a donde Don Baltasar quería, a hacer canopey, a ver los petroglifos, a las cascadas, al Chorro,... Baltasar se quedó conforme y cuando le iba a pagar el chófer al ver lo que le pagaba, le dijo que él le daba cambios y nuestro buen amigo Chacal, recibió 20$ cuando él había creído ver en el billete un 1 y un cero, posiblemente 100 $, pero el chófer fue mas astuto y aquel día ganó un buen sobresueldo.
También nos contó que yendo con un americano que andaba bastante, de repente olieron mal y el americano se echó a correr. Chacal dice que lo que el olió era "El Tigre", y que lo que el americano vio fue el mismo tigre. Así le llaman aquí al puma. Vete a saber si es verdad.
A eso de las siete y tras una charla muy agradable, agarró el palo y se dirigió hacia su casa. ¡A dos horas de donde nos encontrábamos! De noche y tenía que atravesar 4 veces el río Zarati  Un gran tipo, como los de las películas, pero de verdad. A continuación se sentido un chico joven colombiano de San Gil, que era profesor o monitor de parapente. Aquí no podía instruir a nadie, porque en el Valle no se daban las condiciones físicas y metereológicas adecuadas para llevar a cabo esta actividad. Aprendimos mucho con su charla, de corrientes de aire, paredes verticales, turbulencias, tela fina, ala delta. Estuvo interesante. Ya no hubo más personajes, Nos fuimos a nuestro flamante albergue Donde José y allí seguimos hablando entre nosotros.
Al día siguiente 8 de julio emprendíamos el regreso a la capital. Mis amigos se volvieron a hospedar en el Acapulco y quedamos para ir a cenar en plan señoritos a un restaurante llamado Punta Arenas. Allí fuimos al selecto barrio del Cangrejo. Pedimos ceviche de pescado solo y dos con calamares. Estaba divino. También un pisco sawer que se convirtieron luego en dos para Gema y para mí. Para rematar o poder apurar el segundo trago, un pulpo asado, que nos lo trajeron entero y aún humeante.
La cuenta no fue excesiva, 95 $, dijo: ¿pongo servicio? ¿cuánto? Zarra le contestó pon 100, el camarero se quedó con los ojos como platos como si fuéramos Onassis. Tuvimos que explicarle, entre risas, que pusiera 100 en la cuenta total, que era un número redondo y que él se quedara 5$. .
Cuando salimos, las mariposas nocturnas se apostaban en todos los lados de la calle. Paseas, te llaman, te guiñan el ojo, te dicen cariño, y te sientes hasta joven y guapo. El caso es que fuimos al metro y aunque pudimos entrar, los tornos estaban ya con luces rojas. Estaban cerrando porque era sábado y en vez de a las 11 se cerraba a las 10. Mierda, segunda vez que me pasa esto en Panamá. Salimos a la calle y ellos cogieron un taxi y yo antes de coger otro, pregunté a unos obreros a ver cuánto me costaría a mí solo hasta Los Andes (que es donde vive mi suegra). Me dijo que unos 64 más o menos. 
Paro a un taxista y le pregunto por el costo de la carrera y no me quería decir, me decía que dijera yo primero. Eso es en lo que no debes caer, que diga él y luego tú ya harás la contraoferta. Tras un ratito sin hablar, abrió la boca y dijo: 15$. Le contesté como los panameños; ya puede ir cogiendo rumbo. Unos metros más adelante me lo dejaba en 10, pero ya... no tenía nada que hacer. Seguí caminando paré a otro le pedí precio y como de primeras me pidió 8$ acepté sin regatear. Dimos una vuelta para salir de este Cangrejo y allí seguían las mariposas. Me contó que había una a la que llamaban "la colombiana", que cobraba de 200 a 250 ¡por hora! Nos fuimos hasta casa sin poder ver si esa muchacha era de oro o excepcional o qué. A las 11 de la noche llegaba a casa de mi suegra y aún tuve ganas de escribir unas notas en mi diario como habéis podido ver. Mañana para Ecuador.


Sé que voy a tener problemas con las crónicas, porque google no me deja entrar más que de aquí desde donde os escribo. No sé cómo me las arreglaré, lo más cogeré datos y cuando vuelva el 14 de agosto escribiría, pero... trataré de solucionar este problema y no es que sea yo muy ducho en estas nuevas tecnologías. A lo dicho. Si puedo os voy mandando desde Ecuador que es desde conde comienza mi viaje en solitario. Agur. Daniel  





A.-QUITO

Crónica del día 14 de julio



El domingo 9 era prácticamente mi último día en Panamá en este mes de Julio. Siguiendo las buenas costumbres fui a la fonda Sherli a desayunar mi café negro y mis hojaldres. Había dormido bastante bien, quizás por los efectos del pisco. Decidí confirmar mi billete de avión para Ecuador y llamé a Copa Airlines. No aparecía mi nombre, volví loca a la chica que me atendía pues no tenía yo a mano el número de localizador. Quedamos en que subía a casa veía el número de localizados y le llamaba para confirmar el billete. Sorpresa, llego a casa encuentro el billete con el localizado y... no volaba con Copa Airlaines, sino con Avianca, por eso no aparecía mi nombre por ningún lado. Aquí reconforté el billete. Yo a mis alumnos les insisto que las cosas se entienden mucho mejor cuando se leen. Me tenía que haber aplicado yo el caso.

                    Iglesia de los Jesuitas en Quito
                                               I


El día transcurrido sin mayor novedad, fuimos a tomar unas cervezas como despedida a una cervecería que yo ya conocía en el barrio El Cangrejo, en la que con tiza estaba escrita en la pared de enfrente, la siguiente máxima: el exceso de alcohol es perjudicial para tus secretos. No hubo más, nos despedimos deseándonos mutuamente buen viaje, ellos a Cuba y yo a Ecuador.
Por la mañana del lunes día diez, hice la rutina de todos los días, desayunar,..., volver a casa donde ya había preparado la mochila y despedirme de mis hijos, pues me iba yo para más de un mes. No pudo ser aún estaban dormidos. 
Por no pagar un taxi de 26 $ cogí el metro hasta la barriada de San Miguelito y desde allí con la mochila entre las piernas, en un busito hasta el aeropuerto. Total de la operación 2 4, pues me hicieron pagar 1$ por la mochila. 





Ahora viene el folclore. El trayecto Panamá Bogotá yo lo hacía con Avianca pero luego el siguiente tramo lo hacía con Tame, compañía ecuatoriana con la que nada tiene que ver Avianca. Total y para resumir. Tuve que facturar la mochila hasta Bogotá, recogerla en equipajes y entrar en el aeropuerto por el puesto policial, la aduana y demás, poniéndome el sello de entrada en Colombia, para...estar cuatro horas en el aeropuerto. Luego otra vez lo mismo, paso por la policía, sello de salida de Colombia (estuve cuatro horas en el aeropuerto), registro de equipaje y para adentro.
La llegada a Ecuador fue tranquila, sin problemas y además ya sabía que no se iba a perder el equipaje. 
El aeropuerto de Quito te da la bienvenida, con un impresionante mural anuncio en el pasillo del aeropuerto antes de ir a por el equipaje, vaya que todo el mundo tiene que pasar por ese pasillo, con un anuncio enorme de ...Clínica Universitaria de Navarra, una de las mejores del mundo. Toma ya y en Quito.
Agarré un bus con wifi y cuya contraseña era puntualidad. Nos llevó hasta el antiguo aeropuerto  que estaba en mitad de Quito y desde aquí en un taxi a la residencial La Rosario, donde me encuentro. Como curiosidad os diré que desde el aeropuerto a la ciudad hay 35 Km.
Quito está a 2.850 m de altitud. Es una joya, pero pese a que fue una de las principales ciudades incas y capital del incanato del norte, no tiene ningún edificio incaico, pues el general Rumiñaui, ante la llegada de los españoles la mandó destruir. Lo que vemos es fundada por los españoles en 1523 y está llena de iglesias, conventos y por lo menos una catedral.
No dormí muy bien y eso que el hotel es fantástico, sería por la altura. Me levanté tarde y me fui a comprar una tarjeta Data para el móvil, para que pudiera mandar mensajes y hablar. No fue tan fácil como en Panamá, aquí, para activarlo hay que dar el número de célula ecuatoriano. Ya me contaréis como lo resuelvo o mejor, adivinar como lo resolví. 

Saqué un ticket, para ver el palacio gubernamental como me había recomendado mi amigo Javier Era, y hasta que empezara mi recorrido me fui a recorrer el casco antiguo. La catedral, los jesuitas, los franciscanos, todo está lleno de construcciones de órdenes religiosas. Como no solo de espíritu vive el hombre, me fui a un restaurante de los del pueblo a comer el menú. Sopa de bagre, deliciosa, camarones apanados, con el acompañamiento del inevitable arroz y lentejas y luego un plátano, y como bebida, jugo natural de naranja. En total 3 $. Cuando ya había terminado, el arroz no, claro está, entró un muchacho joven con untare. Muy educadamente me dijo que si se podía llevar lo que me había quedado, el arroz y las lentejas. Le dije que sí por supuesto. Recogió todo en su bote, también la salsa picante que no había tocado, y sin más se fue, sin más rollos, ni mire, ni caridad ni nada de eso. Muy bien por el chico.


Cerca de las dos visité el palacio gubernamental. Muy bien, con una guía que sabía y un grupo de unas quince personas, realizamos el recorrido. Primero dejamos un documento en la entrada así como nuestras pertenencias, el móvil y la cámara de fotos no, y el fotógrafo oficial del palacio nos hizo una foto a cada uno de nosotros, ya fuera individual o en pareja o en grupo, según como íbamos. A la salida nos la entregaron a cada uno de nosotros y..., gratis, muy bien hecha y por la parte de atrás de la foto, la dirección de internet donde podemos descargarla. A los más, más allegados se la daré. 
La visita resultó interesante, dentro de las múltiples salas que vimos hay una o dos muy curiosas que es donde se clasifican y se guardan los regalos recibidos por los presidentes por los poderes de potros países cuando han hecho alguna visita oficial. España regaló un D. Quijote y Sancho de porcelana. Una birria comparado con otros regalos de otros países. Vimos también la sala donde se junta el presidente y los ministros, así como la sala donde se realizan los banquetes oficiales. Pregunté  si podíamos comer y se me dijo que no. La guía lo dejó muy claro que esos regalos los entregaban otros países al presidente de gobierno de Ecuador, no a Rafael Correa como tal. De hecho ahora que ha dejado el poder todo lo que le regalaron está en este palacio gubernamental, bien clasificado y expuesto. Esto, que parece tan lógico en la maravillosa Europa, no lo es tanto. Creo recordar que en Sangüesa, con motivo de los juegos olímpicos, el ayuntamiento debía de llevar el testigo un tramo. Pues bien, el concejal que lo llevó lo quería llevar más lejos..., hasta su casa. Supongo que era una reproducción, pero todo vale. Imaginaros lo que tuvo que oír. Bueno sin ir más lejos, en el monumento al encierro que hay en Pamplona en la avenida Roncesvalles, el concejal de turno, supongo que era el de cultura, le obligó al artista de la obra a que uno de los mozos corriendo el encierro tuviera la cara del concejal. Así se hizo, y ya me contaréis lo que nos supuso a todos rehacer esa obra quitando semejante cabeza y poniendo una neutra. El artista que realizó la obra (no recuerdo su nombre), sí que aparece como uno de los mozos que hay caído delante de los toros. O sea  que no todo es tan tan lógico.

Para acabar la tarde me fui al Barrio Pijo de La Mariscala. Pronto me di cuenta que yo allí pintaba lo mismo que el concejal en el monumento y me vine para mi bario obrero. Entré en un local de esos que solo sirven pollo y pedí alitas. Si sigo así cualquier día vuelo. La chica me dijo que a ver con qué salsa la quería, y yo, como solo conocía la de picante, le dije que con esa. Yo pensé que me la traería en un carrito aparte de las alitas. Pues no, me equivoqué, las alitas estaban maceradas, con la salsa picante. Aún soplo.
Bueno que mañana parto para Latacunga, procuraré escribir desde allí. Agur. Daniel.





A.-LOS VOLCANES DE ECUADOR

Crónica del día  de julio

El miércoles 12 amanecí temprano pues tenía que ir hasta la terminal sur terrestre que se llama Quitumba y que está a varios kilómetros. Todo el mundo te aconseja ir en taxi, pero costaba 10$. Eso para pensar lo lejos que estaba. No tuve problemas, agarré un trolebús por 25 cts y en una hora llegué  a la estación. Aquí agarré un buen bus para Latacunga. El camino discurre al lado del volcán Cotopaxi. Se ve algo así como en la carretera de Pamplona a Sangüesa, cuando empiezas a ver la Higa de Monreal, y la sigues viendo unos cuantos kilómetros. Latacunga se ve una ciudad tranquila, punto de partida para ir al Cotopaxi o a la laguna de Quilotoa. 
En el Cotopaxi había estado hace bastantes años, en el 1992, con Juan, Pedrete y D. Ángel. Aquella vez llegamos hasta el refugio, menos Pedrete que subió el glaciar y casi llega a la cumbre. Si no llegó fue porque tenía un guía que era un desastre y se cansaba. Ahora no se puede subir más que hasta el refugio, no sé la razón de la prohibición. Mejor para mí, con esa excusa, no fui. No soy el mismo que en el 92.
A pasear por Latacunga, que es una ciudad tranquila, en la que la comida típica es el pernil y los encebollados. Estaba en el hostal Tania, muy bueno, desde aquí preparaban excursiones tanto para el Cotopaxi como para la laguna del Quilotoa. 
Como no había gente suficiente para montar excursión al cráter, decidí hacerlo por mi cuenta. Fui a la terminal de buses y en la primera oficina pregunté si había buses para Quilotoa, me respondió que directos no, que tenía que ir hasta Zumbahua y desde allí en camioneta hasta el volcán. Curiosamente dos ventanillas más adelante había un cartel que decía: bus directo a Quilotoa, a las 7 h 30 m. Ver para creer. 
Bajé a la plaza principal a buscar un sitio para cenar. Vi uno con una anotación en la pizarra curiosa: "puedes traer a tu mujer, novia o amante, pero si tres a las tres a la vez, la casa te convida". Fui a otro, estaba solo. Comí como un pincho moruno de pollo con patatas cocidas, a las que regué bien con una salsa dulce que tenía mayonesa y no sé qué más. Craso error que luego traería fatales consecuencias.
Esa noche me tuve que levantar dos veces al baño y eso que estaba fuera de la habitación y da pereza... Ya me di cuenta que tenía diarrea líquida, pero cabezón como soy el jueves 13 a eso de las 7 h 30 m estaba en mi autobús camino de Quilotoa. Si Latacunga está a 2.800m Quilotoa está a 3.930m. 
El viaje fue durillo, pero llegué y lo primero a un baño a toda velocidad. Me hice las fotos de rigor en el mirador junto al cráter y como estaba regular me volví para Latacunga. Primero fui en camioneta hasta Zumbahua y allí agarré el mismo autobús en el que había venido.
Al principio del viaje solo molestias, pero a mitad..., empecé a vomitar una cascada de restos desde el pollo hasta el ceviche de la mañana del día anterior. Figuraros como sería la cosa, que hasta el autobús paró en mitad de la ruta, para que me bajara un rato y prosiguiera con mi cascada en la orilla, mientras el ayudante limpiaba el bus. Toda la tarde en la cama, solo con una botella de agua y esto sin parar. Decidí quedarme un día más en el hostal y no ir a Baños, ciudad a la que pensaba ir. Baños es una ciudad en la que lo más bonito es la bajada en bici hasta Puyo, por el sendero de las cascadas. Yo no estaba ni para montar en bici, por ello desistí y tratar de recuperarme.
El viernes 14, amanecí algo mejor. En taxi fui a la lavandería donde había dejado la ropa el día anterior pues no podéis ni imaginar como estaba del incidente del día anterior. También fui a la Plaza de la Merced a comprar un anorak y de allí a cas. El taxista me dejó al lado del hostal y empecé a preparar la mochila y luego fui a una farmacia a por antibiótico y pastilla antidiarreica. Volví, seguí preparando la mochila, cuando de repente se presenta el taxista con..., mis gafas que las había dejado en el taxi. Le dí las gracias (nada más) y le contraté para que me llevara a autobuses, pues no podía ni con la mochila. Gran tipo y gran gesto el del taxista.
Cuando llegas a autobuses y dices a dónde quieres ir, todos te quieren llevar, los que van y los que no van y es que resulta que a cuatro kilómetros hay un cruce de autopista por donde pasan todos los buses que se llama Paso lineal y donde solo tienes que esperar que pase el tuyo. No hay ni marquesinas ni nada, solo es la carretera por donde pasan los buses en todas las direcciones. 
En la terminal hay que pagar 25 cts por uso de la misma porque luego es al ayudante del chófer en el mismo bus al que hay que pagar el pasaje. ¿Qué hace la gente? Pues en vez de coger el bus en la estación, lo coge en otros puntos de la ciudad, como en el mercado y así no pagan las tasas de la terminal.
El viaje es muy bonito, acariciando prácticamente a esa mole impresionante, que es el volcán Chimborazo con sus 6.310 m de altitud y sus nieves perpetuas. Los indígenas le llaman "taita", que quiere decir padre. Recuerdo ahora muy bien a un capuchino mayor, encantador, que se llamaba Padre Nemesio y nos daba clases de religión en el colegio de los capuchinos de Sangüesa. Había pasado más de media vida de misionero en Ecuador, con los indígenas y recuerdo que decía lo que decían los indígenas ante cualquier suceso de la vida. " Tiaita diosito lo ha querido”. Me ha venido ahora a la cabeza ese recuerdo y ese conformar o aceptar lo que la vida te da o te quita.
Llegué a Riobamba y taxi y al hotel Libertador, en el centro centro. Ya lo conocía pero es que este hotel tiene tv y baño dentro de la habitación, por si acaso...
Creo que me quedaré un día más en esta ciudad situada a 2.750 m de altitud hasta recuperarme del todo, pues no sabías las ganas que tengo de comer un buen asado y una gran cerveza, pero... por ahora no es posible, pasado mañana yo creo que sí será. Agur. Daniel







B- RIOBAMBA-CUENCA

Crónica del día 17 de julio


Hoy es lunes 17 y estoy en Cuenca, ciudad que me encanta y no por sus casas encant... Pasaré a estos escritos, las notas que fui recogiendo estos dos días tal cual. Como el sábado día 15, parece que amanecí mejor, me fui a desayunar al café París, al lado de mi hotel El Libertador. 
El desayuno es genial; yogur, cereales de miel, ensalada de frutas y después dos rebanadas de pan, bañadas en leche, huevo y canela, miel y el café. Todo para dentro. Luego tuve que ir al baño, pero me daba igual, me podía la cabeza y las ganas de comer algo sabroso. Posteriormente, cual reportero, agarré mi cámara y me fui a fotografiar los bares y locales que tenían nombres españoles, que eran bastantes. Así hice fotos a Jamones de la Sierrra la Andaluza, o a la macrosala de fiestas La Macarena. Conforme iba caminando y tirando fotos vi que se veía perfectamente el Chimborazo, pues el día era luminoso. Seguí subiendo por las calles para acercarme lo más que pudiera a algún lugar desde el que tirar buena foto del volcán. 
La casualidad hizo que, en un pequeño altito en la calle, había un fotógrafo profesional del diario La Prensa de Riobamba, que estaba "tirando" fotos al volcán.
Con más educación de la que me caracteriza le pregunté o mejor le rogué si con mi cámara y con mi móvil podía hacer algunas fotos. Amablemente accedió y a mí me sacó en tres con el móvil. Son las mejores que tengo, luego hizo un par con la cámara solo al volcán. Gracias, compañero, mañana compraré La Prensa, como así hice.
El atractivo del Chimborazo con sus 6.300 m en un día claro que ves muy bien las nieves, la figura erguida de la montaña, transmite, una sensación placentera. Tiene la fuerza de un imán y quieres seguir allí contemplando y queriendo seguir fotografiándolo, cual obra de arte.
Desgraciadamente se me terminó la pila. Afortunadamente ya había hecho las fotos que quería.
Fui raudo al hotel a cambiar la pila y... ¡Oh, desgracia! Había perdido, olvidado o yo qué sé qué, la batería y el cargador de pilas que llevaba en una cajita metálica en la mochila. Primero me desesperé  y sin pensarlo mucho me fui a una tienda  de fotografía a comprar los repuestos. No quería amargarme el viaje, porque necesitaba seguir sacando fotos.
Comparado con España me costó mucho más la batería de repuesto y el cargador, pero forma parte de lo que te puede ocurrir en el viaje. 
Primero actué, una vez solucionado, pensé que me podía haber ocurrido. (Tenía que haber reaccionado al revés, primero pensar y luego actuar). Repasé los lugares en donde había estado y eran cuatro. El Valle, Panamá, Quito. Latacunga y Riobamba. Como tenía el email del hostal de Quito, les mandé un mensaje y..., me contestaron con una fotografía mostrándome mis pertenencias. ¡Me las había dejado en la habitación de Quito! Contesté agradeciendo el detalle y que por favor las guardaran. Luego me entraron las dudas. ¿Vuelvo a Quito, que son 4 horas? ¿Las recoge a la vuelta una vez que ya había comprado los repuestos?
Consultando con Celia, que es la voz de la madurez y la normalidad ante las situaciones que a otros nos ahogan, me aconsejo que siguiera viaje y ya las recogería a la vuelta. ¿Lógico no? Le hice caso. Al día siguiente domingo 16 partía para Cuenca. 
La experiencia de los viajes me dice que cuando estás jodido tanto físicamente (yo, con la descomposición), como moralmente (cuando te da el bajón), vete a un sitio bueno, con baño, tele y comodidades y saldrás antes. Recuerdo que hace muchos años, a  Patxi Sanjuan, Patxi Oteiza, Luis Olleta y a mí, después de ver las cataratas de Iguazú, comimos algo que estaba en mal estado. El hotel, grandiosa palabra para lo que realmente era, lo teníamos en la antigua ciudad de Puerto Stroesner, al otro lado del puente internacional con Brasil, en Paraguay. El hotel era una porquería y estuvimos dos días y tres noches, pudriéndonos. Más vale que al final escalonadamente fuimos recuperándonos. Fue una pesadilla. Me prometí que si alguna otra vez me volvía a pasar me iría a un buen sitio (ahora ando con VISA) y así he hecho.
Nos plantamos ya en el domingo 16. Mi desayuno en el café París y ya recuperado, para el aeropuerto. No agarré el bus por 10 minutos. Entonces era yo el primero para el de las 11, el anterior había sido a las 9 y media. Le dije a la taquillera, dame un asiento de adelante y con ventanilla, para poder ver el paisaje y tomar mis notas. Me dio el número 1 y yo supuse que bien. Pues no, los impares daban al pasillo y los pares a la ventanilla. Además estaba justo detrás de la cabina del conductor, cubierta con una cortina, De frente no veía nada, y a mi izquierda se sentó un canadiense, que ya me dijo que el 2 era ventana. A fastidiarse. Me toca justo donde se ponen los vendedores ambulantes y los charlatanes. Entra un tipo feo, pero feo feo y empieza su discurso así: buenos días a los que están despiertos, buenas noches a los que están dormidos, mi nombre es Rigoberto y les vendo estas barritas energéticas. Amenazo con besar en los morros al que no me compre. No besó, pero tampoco vendió apenas.
Entre subidas y bajadas por altas montañas y valles fértiles donde se veía gran cantidad de cebollas, llegamos a Cuenca al cabo de 6 horas. Mi compañero no habló ni una palabra. Bueno, miento, cuando el chófer anunció a mitad de camino que parábamos 20 minutos para almorzar e ir al baño, mi " compa " dijo: ¿Qué ha dicho? Y se lo expliqué. Luego siguió leyendo en su móvil todo el rato. Ahora ya no se habla en los buses, la tecnología ha matado las relaciones sociales. Antes después de un viaje largo acababas hablando con más de medio autobús, y en algunos casos, incluso ligabas. Ahora ese mundo terminó, toda la gente con sus móviles y el de al lado... ni existe. 
Llegué a Cuenca, fui al Villa Florita, enfrente de La Hormiga Golosa, y ... mañana más. Agur. Daniel 





C.-TRES DÍAS EN CUENCA

Crónica del día 19  de julio

Llegué a Cuenca, tras 6 horas de viaje. Pensé que era domingo por la tarde que es lo más deprimente que hay en cualquier sitio, me sentí bien.
Cuenca es una ciudad preciosa que actualmente pasa de los 320.000 habitantes. Están construyendo metro. También una línea de tranvía, pero llevan 4 año de obras y está parado. Declarado el casco antiguo, Patrimonio de la Humanidad, es una ciudad que no tiene vestigios incas. Refundada por lo españoles en 1.538 sobre los restos de una ciudad cañarí, llamada Quanpondelig (Llanura grande) y a orillas del río Tamamba, es actualmente la tercera ciudad de mayor población del país. Por aquí, por la aldea de Tamamba, discurría el gran camino Inca, que unía Quito y el Cuzco. Actualmente yo pude ver un tozo de este Camino Real, en las ruinas de Ingapirca de las que luego hablaré.
Fui al hotel Villa Flora, el cual ya conocía y por ello en vez de 15$ me cobraron 14 $ diarios. Me lancé a callejear, caminando hacia la catedral por una calle larga (La Calle Larga), y por otra que me provoca sonrisa; Calle Benigno Malo.
En los alrededores de la catedral se celebraba una procesión "mariana" en la que la gene llevaba hábitos de todas as órdenes religiosas da la ciudad e incluso, algunos "templarios", me parecieron ver.
Acabé esta mi primer noche en un hostal pub, que se llama La Cigale (La Cigarra, no cigal marisco ). Ya veis mi hotel estaba entre la Hormiga y la Cigarra. Curiosidades que se dan.
Había música en directo por una chica brasileña, Edría Barbieri (se le pude localizar o en yahoo o en yotube), que acompañada de su guitarra, cantaba muy bien. Había Hapy Houes, pero era curioso, no era el 2 X 1, sino que de 6 a 8 de la noche los combinados cobraban a dos euros cada uno. Yo para probar me pedí, mojito y caipiriña, como al día siguiente pensaba volver, así sabría cual elegir. Cuado cantó "Alfonsina", me fui a casa porque recordé una frase que casi se le podía tribuir a Einsten, pero no; " el alcohol, ni te crea ni te destruye, solamente te transforma. (Pintada en Riobamba).
El lunes 17, ya descansado, me iba a levantar pronto, pero me quedé viendo llover, leyendo y viendo el tour. Esto último, desde la retirada de nuestro gran Miguel Indurain, sin interés. Después, fotos, paseo y poco más. Como el menú, que sale muy barato y en un bus local subí al mirador del Turi. Hice la foto de rigor sobe Cuenca y por no esperar al bus, me bajé andando hasta el centro de la ciudad. Más escalinatas de bajada que las de San Juan de Gaztelugatxe. Antes de coger el bus para subir, le pregunté a un señor a ver cuanto tiempo me costaría subir andando y me dijo:... pasado mañana llegaría.
Esto de las exageraciones me trajo recuerdos infantiles a la cabeza. Una vez, de crío, le pregunté a mi padre qué profundidad tenía la acequia de Pastoriza y me respondió, que llegaba hasta el infierno. Pues bien, una tarde de verano estaba yo en el huerto, cogiendo guindas junto a la acequia y me caí del  guindo (real, no literal). Yo era todo terror, que se convirtió en sorpresa cuando choqué con el barro del fondo. Me levanté y el agua me llegaba hasta la cintura y eso porque estaban las "tajaderas" puestas para regar. Que alivio, no llegué al infierno.
Este año cuando fui a la laguna de Quiltoa, los indígenas decían que no tenía fondo de lo profunda que era. Los científicos dictaminaron que tenía 250 m de profundidad.
Y qué más da si me caigo en una profundidad de 250m  o infinita. Es mejor la leyenda o las mentirijillas de la acequia de Pastoriza que la realidad. Luego me vine al Cigala. Esta vez ya sabía lo qué pedir. 
Me senté solo y a una chica que pasaba por las mesas, le pedí un mojito. Ella me contestó que no era camarera, sino cliente, pero que solía ir mucho por allí y que me lo pedía y traía.
Me lo trajo y se sentó en mi mesa. Me dijo que se llamaba Lorena y que daba clases en un parvulario, además de ser psicóloga, tocar la batería, ser bailarina y haber estudiado química. Yo asustado con semejante curriculum, no decía nada. Cuando terminó me dijo si quería preguntarle algo, y yo le dije que sí. Que cuál era la fórmula del Carbonato Cálcico. Ni flores claro. Le tenía que haber preguntado la del agua, que todos la saben. Seguimos hablando, no de química ni de Aristóteles, un ratito, y en cuanto terminé el mojito me fui al hotel. Lorena se quedó en el Sígala para entablar conversación con alguno que no supiera tanta química.
El martes 19, salió frío, pero madrugué, pues para las 8 tenía que estar en la terminal de buses. Me fui a ver las ruinas de Ingpirca. Una maravilla. Primero por ser mayor de 60, pagué 2$, los de 65 gratis. Nos asignaron una guía y nos hicimos un recorrido de unos 40 minutos. Las ruinas son una maravilla de la cultura inca y cañari. Todo esto lo veis en internet porque me echan del local. Para acabar mi estancia en Cuenca, volví al Cigala y escuché a la cantante, pero ya no me impresionó tanto como el prime día. Bueno os dejo, mañana me voy para Loja. Agur.








D.- LOJA - CHACHAPOYAS

Crónica del día 22 de julio

El miércoles 20, me quedé un rato remoloneando en la cama. Estuve viendo un rato el tour, pero como este año el interés es mínimo decidí desayunar y agarrar el bus para Loja.
Ya subí al bus, ahora suben los vendedores ambulantes, con sus discursos dignos de un estudio literario de redacción y declamación. El último es un negrito de Esmeraldas, que quiere vender barritas de coco, aprovechándose de su doble condición de negrito y de esmeraldas (donde había habido un terremoto). La verdad es que muy negro no era y de esmeraldas... se supone.
De despiste en despiste voy, cuando ya va a salir el bus viene el cobrador o ayudante diciendo que alguien se ha olvidado una mochila en la oficina de la empresa. Yo, claro.
El bus prosigue su marcha pero a los poco Kilómetros hay un autobús de la misma empresa averiado y claro, los pasajeros quieren montarse en nuestro bus, pero... no hay más que 10 plazas libres. Palabras fuertes, de aquí no me muevo y todo eso, pero al final se movieron y con 10 personas más proseguimos viaje.
El paisaje es fantástico, con muchos prados y vacas pastando. Las vacas son de esas blancas con manchas negras o de esas negras con manchas blancas. Todas pastan atadas a un trozo de hierba o algo parecido en estos microvalles, con mucho árbol de la familia de los eucaliptos.
Encontré hotel, cerca de la calle principal y me fui al asador El Fogón, y me comí un bife de chorizo de 400 gr, impresionante aunque no es como el de Argentina. Luego recorrí las diferentes placitas. En una había una estatua ecuestre que a mí me pareció Pizarro, pero que no era, sino que era la del fundador de la ciudad, regalo del ayuntamiento de Loja (España). Ya sabéis para esto y nada más sirve lo de las ciudades hermanas.
El jueves día 21, comenzaba el viaje aventura. En un taxi fui a la terminal para las  cuatro y media  de la madrugada. El taxista me contó que había estado trabajando 15 años en Torrevieja y con la "platita" que fue mandando tuvo para comprar unos lotes. Cuando vino la crisis del ladrillo se volvió para Ecuador y ahora se ganaba la vida con un taxi.
A las 5 en punto salía el bus, era la única línea que había que hacía el recorrido hasta Zumba y desde allí hasta La Balsa, que es el puesto fronterizo. Realmente son unas cabañas al lado del río y que antes se cruzaba en balsa para llegar al lado peruano y de allí su nombre.
A la hora y media de salida llegábamos a Vilcabamba, pueblo famoso por la longevidad de sus habitantes. Estuve por bajar y beber un trago de agua de ese pueblo a ver si...
Continuamos hasta un pueblo pequeño y bonito, llamado Palanda a 1.060 m de altitud. De aquí a Zumba solo quedaban 2 horas, pero...., terroríficas. Es un viaje "increíble", me río yo de la carretera de la muerte en Bolivia. Aquí son dos horas por unos precipicios que quitan el hipo. Tú ves a tu izquierda unos árboles gigantescos debajo tuyo y aún debajo de esos árboles hay un montón de metros antes de llegar al fondo. Estos árboles están como en diversos niveles del fondo hasta la carretera. El chófer era muy bueno o muy prudente. La carretera además es de arena prensada y hay muchos cortes. Ponen una cinta amarilla diciendo peligro y ya está. El autobús tiene que parar y maniobrar para que puedan pasar las cuatro ruedas, porque un fallo y..., no te recogen ni con aspirador. No nos cruzamos con ningún oto vehículo, si no, no sé cómo se hubiera podido resolver la situación. Felizmente llegamos a Zumba y descansamos media hora. Hasta aquí aún hay otra empresa de buses que viene, pero quedaba el tramo Zumba La Balsa. 
Este tramo es como una montaña rusa, pero sin el como. Hay veces que la pendiente de subida supera al bus y éste tiene que parar en seco, echar todos los frenos posibles para que no se vaya para atrás y en una velocidad muy corta volver a subir. Había momentos en otras cuestas que parecía que no iba a llegar y todos como cuando se nos va a parar el coche y "empujamos" mentalmente y hasta hacemos el gesto físico desde dentro. Si esto era las cuestas arriba, no te cuento como eran las cuestas abajo. Había carteles de prohibido a más de 30 Km/h.
La última cuesta de bajada hasta el puesto fronterizo yo creo que era de un porcentaje del 45%, y de hecho, si llueve o la carretera está mojada, el bus se queda allí, sin poder bajar. 
No me extraña que no haya más que una compañía que se atreva a hacer la línea Loja - La Balsa.
Los trámites aduaneros fueron muy sencillos. Solamente íbamos tres turistas. Después teníamos que rellenar una encuesta sobre cómo había sido el trato, rapidez, limpieza en el puesto, etc. Todo cinco sobre cinco y todos contentos. Pasar por debajo de la barrera, atravesar el puente y ya estábamos en La Balsa peruana. Aquí también fueron rápidos los trámites y el aduanero nos puso en el pasaporte el tiempo de estancia que quisimos para estar en Perú. Yo iba a estar unos 20 días y me puso 30.
Aquí a esperar a un taxi colectivo, que por fin apareció y nos llevó a cuatro personas hasta el pueblo peruano de San Ignacio. No tenía ganas de continuar viaje y además eran las 6 de la tarde. Pernoctamos aquí y al día siguiente a las 10 de la mañana salíamos para la terminal de buses en moto-taxis. Eran dos soles la carrera, yo le di cinco, pero me devolvió de diez. Ocho monedas que ni me molesté en ver. Al cabo de un rato vino el del motocarro diciéndome que se había equivocado, y eso era bastante para él. Abrí la carterita y le di las mondas que me había dado. Casi me besa. El mini bus había que completarlo con 10 personas, o sea que tuvimos que esperar un rato hasta llenarlo, para llegar a Jaén. Aquí en un taxi de cuatro que enseguida completamos, fuimos hasta Bagua. En la terminal de este pueblo, teníamos que coger una " combi " de 10 personas, y había una a punto de salir, le faltaban 15 minutos. Cargaron los equipajes y nos fuimos a almorzar rápidamente. Sorpresa, cuando volvimos, nos habían bajado las mochilas y colocadas en el suelo par subir en otra "Combi", que era mejor pero que aún tardaría media hora en salir. Al pedir explicaciones, nos dijeron que era por nuestro bien, que esta era mayor y que podíamos estirar las piernas. Sin comentarios. Al final aceptamos. Salimos en nuestra lujosa "combi" y llegamos hasta Pedro Ruiz, donde se bajó bastante gente y subió también bastante. En este pueblo nos demoramos media hora. No podíamos más. Cuando al fin llegamos a Chacha, no nos lo podíamos creer. Habían sido 37 horas desde que salimos de Loja. Ahora aún había que buscar alojamiento, pero esta es otra historia para otro día. Agur. Daniel






E.- CHACHAPOYAS

Crónica del día 24 de julio

El viernes por la tarde llegaba a la  terminal terrestre de Cahachas. Un taxi con un lugareño y al primer hotel que vi. El Kuelap. La primera habitación, en la planta baja cerca de la recepción y un tanto ruidoso el entorno, pero eran fiestas y todo estaba ocupado. Después del palizón de viaje, no era cuestión de meterte otra paliza buscando.
Como primer día, me fui a cenar a un sitio elegante, ceviche y cerveza cuzqueña. Luego a un restaurante pequeñito llamado "la estancia" y que tenía una  ikurriña, enorme en el local. Pregunté el porqué y el dueño me contestó que su abuela era de Ordicia y la puso, y allí sigue. Bueno, regionalismos aparte, me tomé un pisco sower fantástico. El día siguiente lo dedicaría a recorrer la ciudad.
Esta ciudad fundada por Alvarado jugó un papel importante entre el intercambio de productos entre la selva y la costa. Es la puerta de entrada de la amazonía. Por aquí vivían los chachapoyas "gentes de las nubes", en sus bosques nubosos, y creando unas construcciones fabulosas como la fortaleza de Kuelap formada por millones de metros cúbicos de piedra en perfecto estado. Con 700 m de perímetro es una fortaleza ovalada rodeada por una imponente muralla de 20 m de altura. Por esto se dice que se utilizó más piedra que para la construcción de la Gran Pirámide. Ahora han puesto un teleférico para llegar hasta aquí, y para mí ya ha perdido la gracia. También están los sarcófagos de Karajía y la catarata Gocta. 
Los incas conquistarían a este pueblo que vivía tan bien, pero no los llegaron a someter. Los incas imponían el Quechua como lengua a todos los "pueblos" que conquistaban y aquí nadie habla quechua. Como estaban hasta las narices de los "incas" se aliaron con los españoles para derrotarles, como así sucedió, con los chachapoyenses y con otros pueblos, si no la conquista de semejante imperio es inexplicable. Bueno, basta de historia.
El sábado 23 fui  a la terminal de bus a comprar el billete para Cajamarca y el resto del día me dediqué a no hacer nada. Bueno, nada, nada, no. Compré el tiket para visitar la catarata Cocta, y me fui a la “Estancia", a tomarme una hamburguesa, con el pisco. 
El domingo 24 no me llamaron, pero para las 7 y media ya estaba arriba. Desayunar en un buen hotel y encaminarme a la plaza de armas a coger mi busito para ir a ver la catarata. 
El bus era bueno, y el guía que se presentó, nos dijo llamarse José. Yo entonces recordé haber leído hace bastantes años un reportaje sobre un guía llamado José y la fortaleza Kuelap. Con la amabilidad que me caracteriza, le pregunté si por casualidad era él el protagonista de dicho reportaje y me contestó que sí, pero que no lo había visto. Me prometí a mí mismo que se lo haría llegar. ¿Cómo? La solución al final del escrito.
Llegamos al pueblo de Cocachimba y desde allí comienza el camino de 5 km y medio hasta la catarata. El camino es precioso, al poco de comenzar hay un trapiche donde puedes tomar jugo de caña. Después es un constante subir y bajar por un estrecho sendero. Desde 3 km antes de llegar, ya se ve la catarata que tiene 771m de altura, pero en dos niveles que solo los puedes ver desde lejos, porque cuando llegas al pie de la catarata solo ves la altura del último nivel que son 540 m que ya está bien. No tuve mayores dificultades en realizar el camino. Los gorditos y los flojos eran llevados a caballo hasta el kilómetro 3, luego, lo que quedaba, a proseguir a pie. Cuando llegué al final del trayecto y a la laguna donde golpeaba la catarata vi que eso era un espectáculo por una parte humano de gente jugando a ser fotógrafos profesionales en las más diversas posturas, bebiéndose la catarata, abrazándola sin mojarse, etc. Como todo quisqui se hacía selfis o como se diga, yo para no desentonar con esa humanidad, también lo hice. De todas las maneras y pese a los flas de los móviles es un gran espectáculo.
 Luego había que regresar los 5 km y pico, y como no quería andar "tirando" de nadie, hice todo el recorrido solo, ni grupo ni historias. Una trucha a la plancha y una cerveza cuzquela fue mi recompensa. A eso de las cuatro empezábamos el regreso. El guía José se acordaba muy bien de lo que yo le había prometido. No sabía como salir de ésta, pues el reportaje lo había dejado en casa y no sé ni en qué cajón.
Solución, fuimos en cuanto llegamos a la plaza de armas, a un Cyber y tecleé: El país, suplemento el viajero, el guía José y Kuelap. Increíble, salió la entrevista, y era del 2008. No me lo podía creer. Salieron tres hojas que un amable internauta (el que estaba al lado) me ayudó a imprimir. O sea lo hizo él, con mis bendiciones. José se fue contentísimo y yo ni te cuento, parecía que era un fenómeno de la informática. No hubo más. Ducha en el hotel, escribir esto y ahora a cenar que mañana a las 5 a.m. sale mi busito camino de Cajamarca pasando por el abra de calla calla de más de 3.000 m , pero ésta es otra historia dentro de estos escritos sobre mi viaje, que espero contarlo dentro de dos o tres días. Agur. Daniel




F.- EL LARGO VIAJE HASTA HUARAZ

Crónica del día 29 de julio

El miércoles 27 empezaba lo que iba a ser un viaje largo por el Perú andino. Salía de Cajamarca a eso de las 7 de la mañana. El día anterior cuando estaba en los bajos del Inca, me ocurrió una anécdota curiosa. Había un sillón y detrás un sol de latón que asemejaba el trono inca. Todos se hacían fotos. Yo también lo hice, pero tuve que esperar turno a una familia de tres hijos que se esta haciendo un montón. Uno de los niños iba de supermán y era un caradura. Ahora miro a la cámara, ahora no y así. El padre le dijo, por favor, mira que va la última foto. El niño se puso a mirar para otro lado. Cogió el padre y..., estampó el móvil contra el suelo, saltando varias de sus piezas. Cuando uno de los niños decía: papá tiro el móvil. La mamá respondía: no, lo llevaba en el brazo en alto y se le cayó. El niño: no, lo tiró que lo vi. La madre: no, que lo llevaba muy alto y se le cayó. 
Yo le recogí una parte, podía ser la carcasa (y se lo di al padre que fue a sentarse en un lugar apartado. Él lo hizo, pero cuántas veces hemos tenido nosotros ganas de hacerlo, por lo menos yo, pero...., el de mis hijos. 
Anécdotas aparte para las 7 y cuarto ya estaba sentado junto al chófer en la combi que nos iba a llevar hasta Cajabamba. Antes desayunar con las mamita. La gente sopa de gallina, co un pedazo grande del animal, y otros sopa de res, con parte de la pata. Yo con un café negro me basta. 
La gente carga sacos, bolsas, fruta e incluso unos cuantos listones de más de dos metros. Increíble. Cuando el busito se completó, salimos. Serían las 8 menos cuarto. Tras tres horas de viaje y atravesando unos bonitos paisajes y unas tierras feraces, llegamos a Cajabamba. 
Llegar, y en un motocarro hasta la terminal donde salían las  combis para Huamachuco. 
Apenas demoramos y en Huamachuco,  sin apenas tiempo de ver la ciudad, en un cuatro por cuatro que salía, me montaron y me llevaron camino hacia Huaraz.
Era en un cuatro por cuatro muy nuevo y gentilmente me dejaron adelante con el chófer.
Este era un chico joven que para no cansarse y tener reflejos mascaba hojas de coca acompañadas por un palito de cal. La verdad es que conducía muy bien, y fue generoso con la gente. Todo era subir y bajar puertos por una pista de tierra, subimos uno de 3.680m, bajamos y acto seguido otro de 3.850m y el chófer seguía con la coca. Cogió a tres señoras mayores que subían andando ese enorme puerto y no les cobró nada. Lo mismo hizo con una pareja de estudiantes a los que llevó un tramo de un par de kilómetros. Eso sí, iba a toda la velocidad posible. No nos adelantó nadie. 
El viaje acabó en un pueblito, cuatro casas y un puente, llamado Cugay. Cruzar el puente y con otro cuatro por cuatro hasta Retamas, en el departamento de Pataz. Me sorprendió porque entramos ya anocheciendo en Retamas, me parecía ver luciérnagas. Cantidad de gente con buzos fosforitos y frontales y es que..., es un pueblo minero de minas de oro. Era como en la película de La leyenda de la ciudad sin nombre. Una sola calle o dos, y gente y gente yendo y viniendo. No se podía ni circular. En este pueblo había casinos, máquinas tragaperras, y espectáculos nocturnos amenizados por las diosas de la noche... 
No me quedé, había otro compañero que había venido conmigo y quería llegar hasta Tayabamba.
Acepté ir con él. Como el viaje era nocturno ya no se veían ni los precipicios ni nada. Cuando nos cruzábamos con los camiones yo ya no pensaba en nada, el que subía tenía razón y el otro maniobraba.
Ya, a eso de las 11 de la noche, llegábamos a Tayabamba. Lugar crucial porque era un cruce de caminos y desde allí salían autobuses o camionetas para todos los lugares.
Me dejaron en un hotel cerca de la compañía Andía, que al día siguiente salía par Sihuas. El hotel era el Noticiero. Un horror. A esas horas, estaba todo cerrado, pero llamé al timbre y salió un señor mayor con sombrero y vozarrón que me interrogaba con qué quería o qué hacia o.... Al final dijo, disculpe... y se fue. Entonces salió Antony Perkins en versión femenina. Me dijo que tenía habitaciones de 30, 35 y 40. Yo le dije que me diera la de 35 a precio de de 30. Me enseñó la de 35 y dijo que tenía el baño fuera, pero que me iba a llevar a la de 30, con baño dentro. Efectivamente, así lo hizo pero..., no había agua. Le pedí una toalla y me dijo para qué si no tienes agua. Efectivamente tenía razón. En fin, la noche pasó y al día siguiente, ya jueves 28, a las 8 de la mañana estaba en el siguiente bus. Antes para desayunar un vaso de quinua, porque no había café. En fin, el viaje proseguía y a eso de las 3 y media llegaba a Sihuas. No tenía posibilidad de continuar viaje porque el único bus que salía estaba lleno. Decidí quedarme sin buscar más alternativas y comprar pasaje par el día siguiente y parar un poco. El día anterior habíamos pasado por un alto de más de 4000 metros y mi altímetro llega hasta esa medida y ponía FULL.
En Sihuas, me fui al hotel continental, que si que tenía agua y caliente además y me dieron una toalla. Eran las fiestas patrias y había desfile, folclore y comida en la plaza. Di una pequeña vuelta y me fui a mi lujoso hotel; a resarcirme del día anterior.
Ya más descansado y con el ánimo renovado a las 5 de la madrugada reemprendía mi viaje hasta Huaraz, donde llegué a eso de las 11 del mediodía. Como siempre primero subimos un gran puerto y luego bajamos hasta el valle, ya con carretera asfaltada. Una preciosidad, desde Caraz, y Yungai, se veía impresionante el Huascarán y la cordillera Blanca. Lástima que el bus no paró y no pude hacer fotos.
Conclusiones de este viaje andino para el que lo quiera hacer. 
1. No sufrir del corazón.
2. No ser propenso al mareo.
3. Confianza ciega en el chófer, que conduce bien y conocen la carretera.
Llega un momento que ya pasas de precipicios, de encuentros con camines y maniobras peligrosas, y dices, bueno ya llegaré. Cuando te cruzas con otro y uno de los chóferes ha encontrado un peque o llanito, es mejor no mirar por la ventana, pues no ves ni las ruedas, ni la chapa. Supones que el chófer ve que tiene apoyadas las ruedas traseras, pero tu solo puedes ver el precipicio y piensas que estás medio colgando. Pero... llegué, estoy en Huaraz. Agur. Daniel




 G.- HUARAZ DEPARTAMENTO DE ANCASH

Crónica del día 1 de agosto


El día 31 de Mayo de 1970, se produce un hecho que va a cambiar  la vida y la fisonomía de la zona. Un terremoto  de magnitud 7,8 de la escala Ritcher y con centro en Chimbote, va a sacudir el Callejón de Huailas y el departamento de Ancash. Se  produce a las 4 y cuarto de la tarde, cuando la mayoría de gente estaba en sus casas o en los comercios que tenían televisión, porque a esa hora se disputaba uno de los partidos del mundial de Méjico, que tan brillantemente ganó Brasil con aquella delantera inolvidable de: Jairziño, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelinho. Yo también lo recuerdo porque era una de las pocas satisfacciones que tuve ese año, ver el espectáculo futbolístico, pues estaba estudiando en el muy ilustre colegio jesuítico de Javier, de un fausto recuerdo para mí y para unos cuantos de Sangüesa que íbamos a Javier.
El caso es que Huaraz, prácticamente desapareció del mapa, por el movimiento telúrico. El 70% de las casas  fueron destruidas en un primer momento. Un 20% tuvieron que ser derruidas por el estado lamentable y peligroso en que quedaron. Solamente el 10% permanecieron en pie, las de la calle José Olalla, que por estar construidas sobre una zona más rocosa, se mantuvieron intactas. Con un poblador superviviente hablamos mi primo Toño y yo hace unos años cuando estuvimos por esta zona. Nos contó cómo estaba viendo el partido y sintió el temblor y cuando salió a la calle vio un paisaje apocalíptico. 27.000 personas murieron, todas a consecuencia del derrumbe y caída de las casas de adobe.
El caso de Yungay, es mas terrible aunque hubiera  menos muertos, 25.000. La honda expansiva afectó terriblemente al Huascarn y un tremendo bloque de hielo y nieve helada se desprendió, chocando con un cerro y formando un amasijo  terrible de lodo y piedra que a una velocidad entre 400 y 600 Km, /h se lanzó ladera abajo y en tres minutos, sepultó Yungay, dejando el pueblo bajo una capa de lodo de entre 6 y 8 m de altura.
Curiosidades de los sucesos que ocurrieron en Yungay. Se salvaron 92 personas, que al ser domingo habían hecho como una especie de romería al cementerio, que era el punto más alto de la ciudad. Entre estas 92 personas, había dos japoneses fotógrafos que habían ido a hacer un reportaje sobre el pueblo. Gracias  a estos hay un testimonio gráfico fantástico de lo que ocurrió. Habían hecho el reportaje del pueblo anterior al cataclismo y luego fueron fotografiando todo, desde el desprendimiento del boque de hielo y el impacto contra el cerro, hasta el río de lodo que fue arrasando el pueblo entero. El cementerio estaba a 5 niveles y el lodo llegó hasta el tercero. Se ve perfectamente en las fotografías. El autobús que iba a hacer el trayecto Yungay lima, fue arrasado y apareció, hecho un amasijo y lleno de barro, pero sin ningún resto humano. Estaba vacío en aquellos momentos porque salía a las 4 y media y el temblor se dio a las 4 y cuarto. Para que luego digan que hay que ser puntuales.
El caso mas llamativo es el de los 300 niños que estaban en una sesión matinal de un circo. La carpa estaba en un ligero altito y el río de lodo pasó al lado destruyendo las casetas y las jaulas de los animales, pero..., no tocó la carpa. Algunos niños murieron al salir de la carpa corriendo y al ver lo que vieron (imaginaros, salir y ver que ya no hay pueblo que está enterrado), se lanzaron a correr y fueron tragados por el lodo. La mayoría se salvó y fueron llevados a Lima donde las autoridades los entregaron a padres adoptivos, nacionales o extranjeros. Unos cuantos de estos niños, se quedaron en el valle al encontrar parientes que se hicieron cargo de ellos.
Ahora, todo el pueblo "sumergido" fue declarado Campo Santo, y ya no se puede escarbar nada. Los familiares han colocado algunas cruces allí donde creen que estaban la casa de sus parientes. Es desolador pasear por allí sabiendo que a 8 metros bajo tierra hay un pueblo precioso, totalmente enterrado, además viendo a pocos metros el Huascarán y una parte de este monte negra, que es lo que quedó de la parte de montaña que se desprendió. 
Cada 31 de mayo, se realiza un acto de recuerdo viniendo gente de todo el mundo. Algunos dicen que se oyen lamentos, chillidos, etc. pero esto es más leyenda, lo anterior es real.  El río infernal, prosiguió por el Callejón de Huailas, arrasando casitas y pequeñas poblaciones. En total murieron unas 70.000 personas en el departamento de Ancash. Bueno, todo esto es histórico y aquí fui el día 30 de julio domingo. Empezamos por el Campo Santo, donde nos contaron esta historia que os he contado y luego fuimos a la Laguna de Llanganuco,  a más de 3.000m de altitud. Esto ya era turis turis. Todo el mundo haciéndose la foto en poses ridículas. Antes paramos a almorzar como dicen aquí, y yo comí Cuy o cobaya que aquí es un plato apreciadísimo. Un saa y me vale.
Lo que me fascinó de este día fue el ver el Huascarán y gran parte de la cordillera Blanca. Esta montaña tiene 6.768 m y es un imán. Te quedas absorto viéndola. Hay que tener en cuenta que esta es la montaña más alta de la Cordillera Blanca, que tiene 180 km de longitud por unos 20 Km de ancho y 18 cumbres de más de 6000m. 
El día anterior fue la excursión al Chavín de Huantar. Ya lo había visto antes y esta vez me decepcionó un poco, pero sobre todo por la cantidad de gente que estábamos. Tiene algo de telúrico o de energético, en el sentido que parece emanar una energía. El Lanzòn y los pasadizos o laberintos subterráneos es lo más impresionante. Saqué la conclusión de que quienes diseñaron esos pasadizos laberínticos o eran enanos o llevaban unos cascos mejores que los de moto G.P., pues yo en poco trozo me pegué tres golpes contra las piedras.
El caso es que la explicación que había recibido 7 años antes y la de ahora no era la misma. Coincidían en que este Chavín de Huantar era un centro de peregrinación de gente de la zona y también de lugares alejados. Dirigido por un sumo sacerdote y una casta de iniciados. La iniciación y el saber y los presagios, lo obtenían del cactus San Pedro, del que se saca el mezcal, que es un brebaje alucinógeno, que les hacía a todos los iniciados ver visiones, el futuro y todo eso.
Pero así como antes se nos dijo que quienes construyeron Chavín de Huantar era gente que provenía de las selvas, ahora se dice que provenían de la cultura de Caral de 6.000 años de antigüedad. Lo que me fastidia es que como no hay nada escrito, casi todo son suposiciones que con nuevos descubrimientos van cambiando de criterio. Todos coinciden en lo del cactus San Pedro y en lo de la deidad, ave, serpiente y felino. Todo esto aparece simbolizado y representado por todas partes, haciéndose más evidente en Lanzòn. Bueno sobre esto nada más. En internet imagino que tenéis todo.
Yo había llegado a Huaraz el día 29, viernes, proveniente de mi largo recorrido desde Sihuas. Convencido de que todo me sale bien, fui al hostal Hatun Huasi, que es donde había estado anteriormente. Imposible, todo lleno. Eran las fiestas patrias de Perú y todos los limeños habían venido a Huaraz. No había hotel que tuviera libre alguna habitación y eso que recorrí unos cuantos. Al final en el Hatún Huasi me dieron una cama en una litera en el comunal. Había como dos pequeños cuartos dentro del cuarto. Cada uno con dos literas. Pero en el primer cuartito, por así decirlo, estaba un chico alemán en la litera de abajo. Como estaba solo toda la ropa y la comida extendida por todo el cuarto (como hubiera hecho yo de estar solo). En el otro cuartito, una chica francesa que en aquel momento estaba de treeking, pero que tenía el cuartito muy bien organizadito y limpio. Yo me quedé con...., el alemán.
La litera parecía el Empire Estate. Para subir no había ni escalerita ni nada. Esfuerzo e ingenio que tuve que hacer para llegar a esa altura. Cuando me tumbé casi me daba vértigo mirar para abajo. Me dije, de aquí no me muevo ni para bajar a mear. Me quedé quieto, tumbado boca arriba con los brazos en cruz, agarrando los bordes de la cama para no caerme. Así pase la noche en un duerme vela, pero a las 6 y media mi vejiga ya no daba para más aguante y descendí desde mis alturas para ir al baño. Como comprenderéis ya no me atreví a volver a subir, pues la cuerda de escalada me la había dejado en casa, jajaja. Me quedé haciendo la mochila, utilizando un rato el internet del hotel y haciéndome el firme propósito de que de allí me iba. Desayuné, fui a la primera excursión a Chavín y cuando volví, como ya tenía la mochila preparada, me cambié de sitio. Me fui al centro, a un hotel que era una chapuza, pero tenía una habitación con cama a poco más que el suelo. La habitación era un tanto lóbrega. Me quería cobrar 60 soles la noche, y yo le dije que de eso nada, que la habitación era triste y no valía eso. Al final, me dejo en 70 soles dos noches y me quedé. Estaba en el centro de Huaraz y me podía mover muy bien para ir al restaurante o al lugar desde donde salían las excursiones, y al final...., hasta me gustó la habitación. Después de tres días en Huaraz, partía para Lima, pero esta ya es otra historia para otro día. Agur. Daniel







H.- LIMA

Crónica del día 4 de agosto

El lunes 31, salía para Lima. Ya me había acostumbrado al hotel, pues en la ducha salía agua caliente, la tele funcionaba y estaba muy céntrico. Además lo había conseguido a 35 soles la noche, unos 10 euros. Pero todo llega y todo pasa. El domingo día 30, no pude sacar dinero de los cajeros, porque en Huaraz, los cajeros se habían quedado sin dinero. Estuve en tres o cuatro y a toda la gente le pasaba lo mismo. Solamente había uno en el que había poca gente, era el BBVA, pero..., no daba soles, solamente dólares. Nunca he entendido yo esto, que un cajero además de su moneda local, te pueda dar dólares.
Como consecuencia de esta situación, el lunes 31, había unas colas kilométricas en todos los bancos y..., tampoco saqué. Con un taxi me vine a la terminal de bus para ir a Lima. 
Hacía un sol radiante y había una gran vista sobre el Huascarárn, así que como tenía tiempo, caminé y caminé por una calle cerca de la terminal, para poder tener la mejor perspectiva. Cuando al final logré llegar al punto que deseaba y me disponía a hacer las fotos de rigor, lo que suele pasar...., se me había acabado la batería de la cámara. Pero ahora soy previsor y llevaba otra en la mochilita, cambiar y sacar unas pocas fotos.
Durante el viaje, vi segar a hoz un pequeño campo de trigo... Fue una gozada esta primera parte del trayecto. El autobús rodaba por el altiplano a una altitud de 4.000m, paralelo a la  cordillera Blanca. A mí me encanta este paisaje de hierba pajuza, rala, terreno llano y como telón de fondo las montañas nevadas. El punto culminante fueron 4.200m y empezamos a bajar. Ya a los 3.500m se ven flores, como geranios, rosas y claveles. Me fastidia dejar estas montañas por donde he andado más de dos semanas. 
Más de dos horas bajando para llegar de los 4.200m a un pueblo que se llama Barranca  a escasos 40m de altitud.
Desde Barranca ya cogemos la monótona panamericana que nos llevará a Lima. El principio de viaje es interesante, pues allí donde hay agua la tierra es fértil, y pude ver grandes plantaciones de chirimoyas, frutales, maíz, papas, en fin, de todo. Luego es pura arena a tu izquierda y a tu derecha, así hasta Lima.
En Lima todo ha sido Mari Paz. Una amistad de más de treinta años, 34 para ser exactos. Hemos estado por la parte colonial, palacio del gobierno, catedral, jirón de la Unión, plaza San Francisco y el río Rimac. A comer a un club elitista, Regatas y vuelta a casa. A cenar a un restaurante llamado La Basílica, que tenía tres niveles. El cielo, el purgatorio y el infierno. Nosotros cenamos en el Cielo. Recuerdo que en el infierno había un cuadro como el de Da Vinci, de la última cena, pero retocado. La cara de Cristo, la ocupaba Bin Ladem y los apóstoles era, Sadam Husein, Fidel Castro, Maduro, Hitler, Hugo Chavez, Pablo Escobar etc. Yo me quedé en el cielo
El miércoles 31 nos fuimos para Pisco. Era una ciudad que ya conocía pero que hace poco fue destruida por un terremoto. Pudimos ver la capacidad de recuperación que tiene la gente, pues en una gran mayoría la ciudad se había recuperado, con edificios nuevos, en la mayoría de los casos y reparando los que se pudieron en otros casos. Había habido una gran limpieza, pero se veían gran cantidad de "huecos". De aquí nos fuimos a ver las islas Ballestas junto a la península de Paracas. 
No nos defraudó en absoluto el viaje a estas islas. Al aproximarnos, vimos delfines que casi jugaban  con la lancha, y en las islas, multitud de cormoranes, zanquillos y..., pingüinos de la clase Humbolt, así como leones marinos, que son la atracción de las islas...Vuelta a casa y a la noche a cenar a... La Posada del Angel, en Barranco. Entre la Basílica, el Angel y demás voy a volver convertido. El caso es que muy bien, escuchando música de Sabina y luego vino un guitarrero y cantó unas 10 canciones del folclore sudamericano. ¿Qué más se puede pedir? Ah, sí, un pisco sower, y lo pedí. 
Hoy, ya jueves 3, todo ha sido compras y regalos con Mari Paz. Espléndida e increíble. Muchos de mis amigos la conocen. Pues todo lo que pensáis y más. 
Compré el tiket para Chiclayo, y esta misma noche me voy. Han sido tres días de comer y beber, porque Lima ya conocía, y sobretodo de disfrutar del sabor de la amistad, que se remonta al 1.984, cuando nos conocimos en Cuzco. Una satisfacción mantener las amistades. 
Bueno, no me extiendo más porque tengo que hacer la mochila, que ahora  con los regalos, no se si la podré hacer y ponerme las pilas para volver a viajar en solitario, sin todas estas comodidades que he tenido y disfrutado. Agur a todos. Desde Chiclayo, más... Daniel







I.- CHICLAYO -PIURA

Crónica del día 7 de agosto

El jueves día 3 de agosto, a eso de las 8 de la noche, dejaba mi refugio dorado de Lima y en un autobús nocturno, me vine a Chiclayo, llegando a las 9 de la mañana del día 4.
Chiclayo, fundado por misioneros españoles en el siglo XVI, por su situación como centro de transporte entre, mar, selva y sierra, no tiene nada de especial. Por no tener no tiene ni plaza de armas, aquí llamada el parque principal. Lo interesante son sus alrededores.    
Una vez recuperado un poco, me fui en un colectivo a Pimentel, a solo 20 minutos de Chiclayo. Es un pueblo pesquero y ahora turístico, con un largo muelle y un ancho malecón bordeado por lujosas casas con ventanales.
Al largo muelle fui, y es interesante. En otro tiempo fue atracadero de grandes barcos que comercializaban sobretodo con el azúcar. Luego cayó en desuso y abandono y felizmente ha sido recuperado para los viandantes, que tienen que pagar dos soles para pasear por él. Hay hasta unos raíles de tren que comunican con en el malecón desde el extremo del muelle. Como turista fui a verlo. Estaba paseando solo por él con mi cámara y el móvil, cuando vi a una mujer que también iba con el móvil sola, haciendo fotos. Le dije si me podía sacar una foto y que luego ya le sacaría yo una a ella. Por supuesto aceptó y...., cuando ya estábamos en "pose", bien una gaviota o pelicano y... se caga. Increíble, toda la porquería le cayó a ella. A mí, nada. No sabía la cantidad que podían defecar semejantes bichos: cara, piernas, brazos y vestido. El vestido era negro antes de hacerme la foto y después de que me la hizo era de lunares. En serio. Se lo tomó a bien, como símbolo de buena suerte y nos fuimos, ella a recoger a su mamá e ir a cambiarse el "de lunares " por otro y yo a comer al malecón. Sudado de pescado con mariscos, una cerveza cusqueña y... a casa. Agarré una combi y cuando salíamos del pueblo, gran cantidad de gente bien vestida. Se trataba de un entierro que debía de ser importante. La disposición era: primero una furgoneta grande de MAPFRE (aquí los cementerios son privados o de grandes compañías), luego el coche fúnebre que se estila en nuestra tierra, pero vacío, solamente ramos de flores, a continuación impecablemente ataviados cuatro mariachis con una mujer mariachi también, micrófono en mano cantando las rancheras. Iban en línea horizontal ocupando todo el ancho de la calle. A continuación venían los allegados y amigos, que eran un montón. No pude hacerles fotos ni escuchar las canciones, me hubiera gustado saber algo mas, pero..., me quedé con las ganas.
Cuando llegué a Chiclayo vi un establecimiento que ponía: masajes en la silla, 10 minutos 5 soles, que es dólar y medio. Me senté en la silla, metí la cabeza en una especie de circunferencia que formaba parte de la silla, y me masajearon la espalda, diciéndome que tenía una contractura y que si quería una sesión con electrodos. Con hoy ya tengo bastante, les respondí, y me fui al hotel.
El día 5 sábado, era el día fuerte cultural. A las 10 y media salía en un tour organizado para ver la tumba o lo que se encontró del Señor de Sipan.
Primero visitamos un museo de todo lo relacionado con el mundo Mochica Chimú y la guía era bastante mala explicando, pero más vale que un video didáctico me aclaró las ideas.
A continuación fuimos a Túcume, donde se han encontrado y se pueden ver 26 pirámides truncadas, que como están hechas de adobe se han deteriorado con el paso de los años, y asemejan pequeñas montañas de tierra. Este pueblo fue la capital de la cultura Sican.
A continuación para despejarnos la cabeza de tanta arqueología, fuimos a comer, aquí dicen almorzar, a un restaurante. Yo tenía cantidad de ganas de comer; tortilla de raya. La comí claro, y estaba  exquisita. Un intermedio entre tortilla de bacalao y de atún, con hierbas parecido al perejil, que aquí llaman cebolla china. Bueno, el caso es que estaba muy buena y además me salí del ceviche y pisco.
Por la tarde fuimos a Lambayaque, a ver el museo donde se encuentra todo lo que encontraron en la excavación del Señor de Sipoán. Impresionante. Merece la pena verlo. Supone más que unas pocas horas. Hay explicación y un conjunto de figuras que representan cómo era la vida en esa época y que con un mecanismo adquieren movimiento. Así suena la caracola, el perro mueve la cola, los porteadores levantan las andas, etc.
Pero los tesoros encontrados en la tumba son de lo mejor que he visto. Esta tumba no fue saqueada por los huaqueros porque los arqueólogos llegaron antes. La historia de su descubrimiento es como una película de Indiana Jon.
El señor de Sipán, resultó ser uno de los principales dirigentes mochicas, como evidencia su rico entierro en un ataúd de madera, rodeado de cientos de objetos de oro, cerámica y piedras semipreciosas. También enterrado con él estaba su séquito formado por su esposa, dos chicas jóvenes, un joven, un jefe militar, un abanderado, dos guardias, dos perros y una llama. En otra tumba importante descansaba el Sumo Sacerdote, acompañado en su viaje a la otra vida por unos cuantos tesoros, unos cuantos niños, un guardián a quien le cortaron los pies y una llama a la que le cortaron la cabeza.
Pensaban que esta vida era solo un paréntesis, que continuaba después de muerto y por ello se llevaban también a su séquito. De todo esto en Internet tenéis mas información, pero si queréis verlo en "vivo", veniros a Lambayaque.
A eso de las 7 de la tarde regresaba a Chiclayo. Una hamburguesa, y un pisco sower (malo, por antojo), fue mi cine. Me fui a la cama viendo el tercer puesto de Usain Bolt en la final de los 100m. La edad no perdona.
Hoy domingo día 6 me he venido en bus hasta Piura. Ciudad muy comentada en las novelas de Vargas Llosa, como La casa verde o El héroe discreto. Se llega luego de tres horas de bus desde Chiclayo, por una carretera recta en la que no ves más que desierto a ambos lados. Nada mas llegar he  ido a otra terminal de bus y he comprado el billete de regreso hacia Ecuador, para mañana, ya veremos qué tal la frontera.
La ciudad no tiene nada especial. Es calurosa y polvorienta. Cerca, relativamente está Máncora, ciudad turística y playera. Me disponía a ir y ya había cogido un motocarro para que me llevase  la terminal de Combis para Máncora, pero..., eran tres horas de ida, estar como máximo una hora, y otras tres de vuelta. Después de casi llegar a la terminal, le he dicho al del motocarro que media vuelta y me ha traído al hotel. Siesta y charla con vosotros. Me voy a conocer la ciudad un poco, que mañana ya estaré en Ecuador. Daniel  Agur.




J.- PIURA Y PASO DE FRONTERA

Crónica del día 8  de agosto

En Chiclayo, bueno, mejor en la playa de Pimentel, pude ver el funcionamiento de los caballitos totora. Una cosa es verlos expuestos clavados verticalmente en la arena, y otra su funcionamiento real. Se trataba de un pescador que venía, yo creo que montado a horcajadas, sobre el caballito, después de haber hecho la pesca y con un caña de bambú manejaba la embarcación, cuyo motor eran las olas que lo acercaban a la playa. ¡Qué destreza! No cogía las olas o se dejaba llevar de frente, sino que surfeaba sobre ellas y así iba pasando de una en una hasta que la última lo arrojó a la playa. Venía el pescador con un delantal impermeable negro. Descalzo y con un pantalón pirata. Llevaba también un pasamontañas negro y una gorra. Un fenómeno, porque además traía un montón de pescado dentro del caballito. No había sitio ni para arrodillarse él, y sin embargo traía metido, en una red, bastante pescado. Esperé que llegara a la playa e hice varias fotos a él, a la embarcación y  a la pesca.
El lunes 7 de agosto, cogía mi enésimo bus, para pasar la frontera y volver a Ecuador. Antes de ir ala estación, estuve viendo una manifestación, muy bien organizada de.... ¡maestros! Yo creo que estaban todos los de la provincia. La ministra de Educación les había llamado terroristas. Esto como se ve es algo muy manido por el poder cuando algo no les gusta, en otros casos llaman simpatizantes de o filial de..., en fin el lenguaje en el mundo por parte del poder es universal
A las 12 y media me encontraba esperando al bus, que iba a salir a la 1. No es el mejor bus, sin duda, y mientras tanto sigo leyendo a Lituma en los Andes y empapándome de la literatura peruana. 
Muy poca gente vamos en el bus, que además es bastante viejo. 
Tal y como me dijeron en la oficina, en tres horas estábamos en la frontera peruana de Máncora. Es una frontera no convencional y pasa poca gente por ella. Ningún problema. Solo entregar el papelito que rellené a la entrada de Perú y que debe de ser muy importante. Ni revisión de equipajes ni nada.
A los pocos metros estaba la frontera ecuatoriana. Todo muy bien y muy rápido, eso si, tuve que rellenar un papelito de entrada al país, quedándome yo la mitad que tengo que entregar cuando salga. Aquí les cambie los 25 soles que me quedaban por 7 dólares, en la misma oficina de emigración.
Desde Máncora hasta Loja, ya nos topamos con la sierra meridional. Mucho mejor el paisaje y es que ami, como a los incas, me gusta mucho andar por estos "andurriales".
El bus iba lento, pero para las 9 de la noche llegamos a Loja. 
Ciudad fría y para mi sin encanto. Fui al mismo hotel donde había estado la vez anterior y me hicieron el mismo precio. A cenar una tablita de lomo y para las 10 volvía a "casa". Ni un alma por la calle y eso que caminaba por la plaza de armas o plaza principal. Solamente en una esquina había un "chica de la calle", con jersey gordo y pantalones largos. Me dijo, hola, buenas noches. Saludo que le devolví. Nadie más. Tristura de ciudad, porque además estaban soterrando el tendido eléctrico y todo estaba en obras.
El martes 8 de agosto, en una combi y como siempre adelante, hacía el tramo Loja-Cuenca, que es en donde me encuentro. El tramo precioso, por un paraje de montaña que asemejaba suiza y las vaquitas de las películas. A las 1 pasadas, llegaba a Cuenca. Al mismo hotel, ya me hacen descuento y tumbado en la cama a ver el Real Madrid, contra el Manchester. No ha habido nada más. Mañana me voy para Ambato y de allí a Baños. Agur Daniel 






BAÑOS DE AGUA SANTA

Crónica del día 12  de agosto


El día 8 de agosto, llegaba desde Loja a Cuenca, habiendo pasado antes la frontera perú-ecuatoriana, por el paso de Macará, no Máncora como puse antes, que es una localidad playera y a la que no llegué por falta de tiempo. 
En Cuenca, repetí hotel y me quedé a la tarde viendo en la habitación el R. Madrid-Manchester. Luego para despedirme de esta bonita ciudad, fui a cenar a un sitio elegante, cerca de Plaza de Armas, acabando como siempre en Cigale, tomando mis consabidos mojitos.
Antes tuve un pequeño incidente con un salón de belleza porque les propuse que me cortaran bien las uñas de los pies, y aceptaron, pero luego, cuando fui, me dijeron que estaban ocupadas y que demorarían media hora. No había ningún cliente, una de ellas solo estaba jugando con el móvil, y la otra ni eso. Casi saco "el animal" que llevo dentro y les montó un follón, pero..., no lo hice y me fui a ahogar las penas con un mojito.
El día 9, miércoles, a eso de las 9 cogía un taxi para ir a la terminal, y casualidad, a las 9 y cuarto salía un bus para Ambato. Esta vez hubo suertecilla con la salida del bus. Aún dio tiempo a que subieran los vendedores de chocolatinas, periódicos, comida recién hecha, y hasta un guitarrero que cantaba y tocaba la guitarra bastante mal. Cuando bajaba del autobús me di cuenta de que era ciego. 
A las 10 y media de la mañana pasábamos por el pueblo de Alausí, allí donde el diablo tiene su nariz y a la que casi puedes tocar, haciendo el recorrido en tren. Yo no la vi, pero ya la había visto en el 92, cuando estuve por primera vez en Ecuador.
El viaje era constantes subidas y bajadas, por unos cerros a más de 3.000 m de altitud, y cultivados hasta arriba del todo. La mayoría de los campos eran prados naturales y gran cantidad de vacas, pero también vi trigo o restos de paja de haber sido trillado el campo. Fue un viaje agradable, además fueron solamente cinco horas, que comparadas con los viajes por los Andes peruanos, eran como una lágrima en un río.
Llegar a Ambato, cruzar la calle, no entró mi bus en la terminal de buses, pues iba directo a Quito y no podría, y al poco rato un bus que iba a Baños, distante solo a una hora. Aquí las distancias no se miden por kilómetros sino por horas. 
Ya había estado en este pueblo en el 92, pero ahora la transformación era total. Se había convertido en un pueblo de destino turístico para deportes de cierto riesgo, y caminatas por paisajes preciosos, amén de baños termales. El hotel que me recomendó Ema, estaba completo y tuve que ir a otro cercano, Santiago, en donde sí había habitaciones, pero que el viernes tenía que abandonar el hotel o me cambiaban de habitación por ser feriado y los precios subían al doble. El viernes pude comprobar que tenían razón. El pueblo está a tope y la misma habitación de 10 $ ahora valía 20. Cambié de habitación, a una más triste y se acabó.
Estando aquí hay dos cosas que hay que hacer, visitar la catedral de Baños y un recorrido por los alrededores. 
La catedral la visité el mismo día y es que es muy curioso ver la cantidad de cuadros pintados en donde se representa los "milagros " de la Virgen ante infortunios de los moradores de este lugar. Todos o casi todos hacen referencia a caminantes o arrieros que cayeron en su camino al río Pastaza y que imploraron a la virgen y se salvaron. Todo esto pintado, cayendo el personaje con el caballo al río y una literatura de varias líneas en el mismo cuadro, contando el episodio. Otros muchos hacen referencia a la erupción del volcán Tungurahua, muy próximo a Baños. Este volcán ha entrado varias veces en erupción y con sus más de 5.000 m es una señora montaña, que yo no conseguí ver y me quedé con las ganas. Hoy viernes 11, he pasado con un bus por un lugar de donde se podía divisar el Tungurahua, pero en la parte superior estaba  con nubes y no he podido ver las nieves de la cima.
El jueves hice el recorrido de las Cascadas, pero como me dijo un señor, como los viejitos o las familias, en una "chiva", que es un pequeño autobús todo descubierto. Vimos lo típico, La cascada de Agoyán, que con una altura de 61 metros es el más grande de cuantos se precipitan en los Andes ecuatorianos. Para poder observarlo de cerca hay que montarse en una "tarabita", que es como una especie de teleférico que se usa para cruzar quebradas o ríos. Yo le hubiera llamado "la barca Monrealico ", y los de Sangüesa lo entienden. Luego llegamos a la cascada denominada "El Manto de la novia" (imaginación al poner nombres, como en la Ciudad encantada de Cuenca). Para ver bien esta cascada cogimos una "tarabita", con 500 metros de largo y 100 metros de altura sobre el nivel del río. La "tarabita" te lleva hasta la catarata y más arriba de ella, con lo que puedes ver casi hasta los zapatos de la novia. También había y hay la posibilidad de hacer Canopy. Una gozada (para los que lo hicieron). Está diseñado de tal manera que pueden hacer tres personas a la vez (no en el mismo cable, claro). Una chulada, me podría haber sentido pájaro, pero no tuve alas, quiero decir agallas. Acabamos la excursión en el Pailón del Diablo, el lugar donde el río Verde salta a través de una quebrada para unirse al río Pastaza. Aquí sí que bajé por el camino sinuoso y lleno de escaleras y dos puentes colgantes, para sentir el agua de la catarata. No literal, sino que la tocas, (tengo fotos). Desde aquí emprendimos la vuelta a Baños que se encontraba a 18 km. En esta poca distancia habíamos bajado de los 1.850 metros a los que se encuentra Baños hasta los 1.000 metro de Río verde, donde esperó el bus, (50 metros de desnivel por la carretera en solo 18 km). Así que al día siguiente lo tuve muy fácil. Alquilé una bici en Baños y todo cuesta abajo, y frenando para no adelantar a los camiones, (los frenos eran de disco), hice el mismo recorrido que había realizado el día anterior. El peligro eran los túneles, además del tráfico de la carretera general, pero los túneles, excepto el primero que hay que atravesarlo, tienen una ruta alternativa o ciclovía, que rodea al túnel y sales otra vez a la carretera general. En esta carretera general, en el carril de bajada, hay muchas señalizaciones de bicicletas, ya bien dibujadas, o con señales en los laterales. Es una ruta turística y hay mucha prudencia por parte de los coches y demás. ¡Por qué solo hay señales gráficas de bicis en el carril de bajada y no en el de subida! Porque nadie sube en bici, ese desnivel es demasiado. Así hice yo también, monté la bici en los asientos traseros de un autobús (pagó como si ocupara tres asientos), yo en asiento delantero y en el bus de línea subí a Baños. Digo que pagó como tres pasajeros, porque vi como el conductor cobraba a todo el mundo 50 centavos y a mí me cobró 2 $. 
Como viajo solo hago el horario que más me gusta, es una de las ventajas de ser viajero solitario, y a las tardes, siesta, lectura, y cuando se tercia a Internet, sin tener que dar explicaciones. 
Mañana se va cerrando el círculo y me voy a Quito desde donde el lunes volaré a Panamá. Aún me quedará una semana. Ya os contaré. Agur. Daniel 




 QUITO

Crónica del día 14  de agosto

El viernes 11, pasé mi última noche en Baños. Por primera vez, cené muy bien. Encontré una parrillada argentina, y pedí bife de chorizo, con chimichurri. Muy bueno, además el dueño había estado viviendo tres mese en Pamplona, por lo menos eso me dijo.
Como había reservado con anticipación el pasaje, no tuve problemas para salir a las 10 de la mañana en el bus, hacia Quito. Hubo otra gente que subió momentos antes y tuvo que bajar porque o no tenían billete o bien iban solo hasta Ambato. Yo, en primera fila y ventana. 
Cerca de Ambato, pude vislumbrar levemente las nieves del Tumburahua, sin llegar a ver la cumbre por estar cubierta de nubes. A eso de la una llegaba a la terminal de Quitumbe, que está bastante alejada del centro. No es fácil subir a un autobús, con mochila grande y mochilita, sin molestar u ocupando algo mas de un sitio. Yo lo hice y en poco más de media hora estaba en el Centro Histórico.  Quito, para los que no sepan o quieran saber algo más, tiene unos dos millones de habitantes, por eso cuento lo del autobús y las distancias y está a 2.8550m sobre el nivel de mar. Esto supone un trastorno para los que llegan de ¨repente¨. Yo no tuve problema, pues ya llevaba mucho tiempo por las alturas.
La joya de Quito es su centro histórico, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Todos los edificios son del siglo XVII, construidos por los españoles.
En 1526, cuando los españoles llegaron Quito era una de las principales ciudades incas, pero antes de que cayera en poder de los españoles, Rumiñahui, un general de Atahualpa, decidió destruirla por completo, por eso no hay ruinas incaicas.
En 1534, Sebastián de Benalcázar fundó la ciudad sobre las ruinas incaicas. Los colonizadores llegaron acompañados de numerosas órdenes religiosas, franciscanos, dominicos y agustinos entre otros. También la Compañía de Jesús, que construyó una iglesia, que le costó 150 años de construcción, impresionante.
Pues en esta ciudad he estado dos días. El sábado por la tarde fui a dar una vuelta por el ¨centro histórico¨ y era increíble. Del 9 al al 13 se celebraba la fiesta de la luz, y todos esos edificios hispánicos se iluminaban con un juego de luces que a mí no me pareció para nada espectacular. Lo que sí era espectacular era la riada de gente que se encaminaba a esta parte de la ciudad para ver la iluminación. Era una riada humana, parecía la salida de un estadio de fútbol, o de los toros. Caminaba como hormiguita, llevada por esa gente. Como no me gustaba nada, decidí volverme y..., entonces era contracorriente, casi acabo mareado. 
En el hotel había una pareja de Murcia que había estado haciendo volcanes. Yo en mi ingenuidad les pregunté que cómo siendo de Murcia hacían monte de altura. Me respondieron que en Murcia también hay mucha montaña aunque no sea como los Pirineos. Ignorante yo. 
Desde el hotel me propuse ir andando a La Mariscal, que es la zona ¨pija¨ de Quito. Cuando llevaba un rato caminando y ya estaba donde el hotel Hilton Colón, a pocas ¨cuadras¨ de la Plaza Fox, me entró la incertidumbre. No había nadie por la calle. A una persona que venía caminado sola, le pregunté qué pasaba y me dijo que aunque estaba cerca de la plaza a donde yo quería ir lo mejor era que cogiera un taxi. Le hice caso, lo cogí pero para volverme al hotel.
Al día siguiente domingo, decidí ir a La Mitad del Mundo, solamente por una tontería, pues ya había estado en el 2014. Os lo cuento. Tengo un diploma de Usuhaia de haber estado en la ciudad más austral del mundo. También tenía de aquí, pero lo perdí, por eso este domingo 13 de agosto, fui allá, para volver a hacerme el diploma, como así hice.
Lo primero que me sorprendió al ir a coger el autobús era que las calles principales estaban cerradas a los coches. Los domingos, no solo aquí, también lo vi en Bogota, de 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde, estas calles están para las, bicis, patines y demás. Igual, igual que en Pamplona, que para un día que se celebra al año el día de la bici, se monta un follón y cabreo de conductores de mucho cuidado. Eso que nos consideramos adelantadillos.
Bueno, el caso es que llegué a La Mitad del Mundo en bus. La Mitad del Mundo, es la mayor reivindicación del país, porque es el hecho de de encontrarse justo en el ecuador.
La Mitad del Mundo, marca el punto exacto, donde en 1.736, Charles Marie de La Condamine, determinó que pasaba el ecuador. Las mediciones que realizó su expedición, dieron lugar al sistema métrico decimal y demostraron que la Tierra no era totalmente redonda, sino algo más abultada en este punto. Recordad la definición de Metro que aprendíamos en la escuela como la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre. Creo que era así. Actualmente, el lugar parece mas bien un circo, con puestos de artesanía, comidas, recuerdos y todo el mundo haciéndose fotos en las más ridículas poses. Yo también hice unas pocas fotos, recogí el diploma y compré una camiseta con latitud 0,00. No hubo más, me volví para la capital, porque esto está a unos 12 Km. más o menos. Cuando volví, vi un restaurante cebichería que estaba lleno. Picado por la curiosidad, entré y me zampé un pargo al ajillo. Genial. 
Con el estómago lleno, me las prometía muy felices, regresar al hotel o ver el Madrid....Barca. No pude ser, en el hotel no se veía. Entonces me fui a pasear por el centro, antes de que vinieran las ¨hordas humanas¨ a ver lo de las luces. Cuando estaba llegando al lugar, desde donde Orellana salió para el Amazonas, vi a un pobre vejete, que tenía una báscula junto a él. Por hacerle un favor y saber mi peso me subí y..., 73 Kilos. Ya veremos cuanto dura. 
Nada más especial, preparar el taxi para mañana para las 5 y media porque tengo que estar en el aeropuerto a las 6 h. A las 9 salgo para Panamá, vía Bogotá. Desde mi ¨segunda¨ casa escribiré. Ahora Agur. Daniel





 VUELO QUITO-PANAMÁ

Crónica del día 15  de agosto

Ya estoy nuevamente en Panamá Capital. Ahora mismo ha caído una tromba de agua de impresión. Llevo una hora y media en internet y ahora sí puedo utilizar el gmail, por haberlo utilizado aquí el primer día del viaje. No sé a cuántos les llegará ahora la crónica, o mejor a cuántos no.
Lunes 14 de agosto. Uno, ya no sabe ni como pasar el tiempo en los aeropuertos. Primero me he secado las manos del sudor que me ha producido el vuelo Quito-Bogotá, con la compañía TAME (ecuatoriana). La maniobra de aproximación ha durado la mitad del viaje, con continuas turbulencias y giros a izq y derecha. Parecía que no íbamos a tocar tierra nunca. Veíamos los montes, los volcanes, los campos, pero no la pista. Cuando por fin, el avión tomó tierra, la gente empezó a aplaudir, pero por la tensión que habíamos pasado, no por la pericia del piloto. 
Todo ha comenzado a las 5 de la mañana. Compartiendo taxi con otro cliente del hotel, a las 5 y media salimos para Mariscal Sucre.  Hasta las 6 no llegamos y eso que el taxista, le dio al zapato y no había apenas tráfico. Esto da idea de lo lejos de la capital que está el aeropuerto. El viejo sin embargo estaba en mitad de la ciudad y los pilotos tenían que hacer virguerías para aterrizar, vigilados por el Pichincha. 
Creo que nunca me acostumbraré a viajar relajado en avión y aprender a reírme de las turbulencias.
Los de TAME me facturaron la mochila hasta Panamá, no como en el viaje anterior que la facturaron hasta Bogotá y tuve que bajar a la bodega, recoger el equipaje, entrar en Colombia, soportar todos los controles para luego volver a salir, todo en unas horas. Ahora no, he ido a tránsito y de allí directamente a mi sala de embarque. No tenía tarjeta de embarque y cuando salía de Quito me dijeron que los vuelos Bogotá Panamá solían ir llenos y que a lo mejor me quedaba sin asiento. Volví loca a Celia para que trabajando con su ordenador, y hablando por wassap, conmigo, pudiéramos hacer el Cheking vía internet. Costó y costó, pero lo hizo, o por lo menos eso pensó. Me dijo que mi asiento era el 13 C.
Para hacer tiempo, he ido a las Dutu Free, del aeropuerto. No sé por qué les ponen ese nombre, si son todas carísimas. Ya que el frasquito de Hugo Boss, valía 81 $ me he embadurnado con los que hay de muestra, que ahora huelo a "rico" desde lejos. Me siento enfrente de una hamburguesería, veo los precios de una hamburguesa simple y ponía: 18,500. Digo para mí, ¡Ostras qué caro! Luego yo mismo me río, porque..., estoy en Colombia y no en Ecuador y los precios no son en dólares, sino en pesos, y un dólar son tres pesos aproximadamente.
Se va acercando la hora del embarque y el personal de Avianca que tenía que realizarlo no aparece por el lugar y la gente está nerviosa. Yo tenía más motivos, pues no tenía la famosa tarjeta de embarque. En cuanto llegaron me dirigí hacia ellos amablemente, contándoles porque no tenía tarjeta de embarque, y al momento me imprimieron una con el asiento 12 C. Bien por Celia.
Ni el avión, ni el vuelo, tuvo comparación con el anterior. Vino una chica rubia, despampanante, como las chicas de James Bond, vestido negro minifaldero, botines transparentes de alto tacón, rubia, rubia y..., se sentó dos filas delante mía. A mí me tocó una monja, dominicana, que con el transcurrir del viaje se puso hasta nerviosa. Se santiguó al despegar y luego cuando aterrizamos, como están agrandando enormemente el aeropuerto de Panamá, nos costó un buen rato antes de que fuéramos a nuestro lugar de desembarque. El avión parado y la monja que empezaba a empujarme (estaba a mi izquierda) para salir, aunque el avión estaba parado. Pues..., lo consiguió, pasó por "encima" mía, total para salir al pasillo, esperar que un señor le recogiera el equipaje, y luego quedarse de pie en el pasillo hasta que abrieron las puertas y salimos todos casi a la vez.
Bajé a la bodega de equipajes, sin mucho convencimiento. Allí estaba la rubia estrella de cine o de lo que fuera. A ninguno de los dos nos salía el equipaje. Yo ya me lo esperaba, cuando sorpresivamente, apareció mi mochila, en la que se había soltado la parte de arriba. Fue culpa mía porque iba muy llena y las correas demasiado tensa, y con el traqueteo "la tapa de la mochila", se desató. Me dio igual, casi me pongo a saltar pues había aparecido y me había evitado todo el rollo de la aduana colombiana. Arreglé, miré y..., la rubia ya se había ido. Visto y no visto. Bueno, la vi cuando entregaba su pasaporte en emigración panameña. Yo lo hice como extranjero. Ningún problema, bueno una pequeña anécdota, cuando estaba observando mis huellas de los 4  dedos de la mano izquierda, me dijeron que no hacía falta, que ya estaba registrado. Claro, había entrado antes el 2 de julio.
Lo primero que sentí fue un golpe de calor húmedo y nostalgia de las montañas. Después con la mochilita pequeña y el mochilón al hombro, fui al transporte público. Fue como ir en Pamplona en hora punta a coger la villavesa, pero con dos mochilas. La gente fue amable y me dejó sitio. Luego aún tenía que agarrar el metro en San Miguelito para ir a los Andes. Solo eran dos paradas, pero venía lleno de gente y  el primer metro que vine no lo pude coger. El segundo sí con gran esfuerzo, empujones y quedándome estampado a la puerta de cierre. A las dos horas de aterrizar llegaba a casa. El vuelo había sido desde Bogotá hora y cuarto. La llegada del aeropuerto a casa dos horas. Bueno agur. Mañana más. Daniel 





 LAS TABLAS Y CATALUÑA

Crónica del día 21  de agosto

El día 15 martes, después de escribir la crónica, me fui a dar una vuelta por el casco viejo de Panamá. 
Está totalmente transformado. Han echado a todos los habitantes que quedaban (negros en su mayoría) y están restaurando los edificios. Dejan la fachada y tiran todo el interior. Después le lavan la cara también a la fachada. Quiere ser un Cartagena, pero sin su gente auténtica, esto queda un poco aséptico. Los edificios o las casas coloniales, están muy bien, y los hoteles y restaurantes de lujo que están surgiendo como setas también. A uno de ellos entré, y en la terraza, me tomé dos mojitos, contemplando los grandes rascacielos de Panamá y el Pacífico. Era la hora del Happy Hours  que aquí eran dos por 10 $. Luego siguiendo las buenas costumbres adquiridas con anterioridad fui a donde una señora que en la calle hacía las "uñas". Yo le pregunté si me las podía hacer, y también cortarme las uñas de los pies, y como respondió que sí, me las hizo. Tenía que haber de esto barato por allá, más que nada por tema de flexibilidad y no hacer ejercicios circenses, para meter el cortaúñas en el dedo gordo del pie. Caminar y metro, eso fue todo.
El miércoles 16, había quedado con José Carlos el onubense, en Albrook, par ir a su casa en El Valle, y eso hicimos. Antes comimos muy bien en un italiano que hay fuera del Moll, y que es el único restaurante que da cerveza porque, dentro de esta gran superficie, está prohibido en los restaurantes. No fue la única, en el chino de su "pueblo" cenamos y volvimos a darle a la cebada fermentada.
El jueves, me levanté un poco cabezoncito, que con una ducha y un copioso desayuno, lo hizo desaparecer.
El viaje hacia Las Tablas comenzó genial. En un busito y atravesando la montaña, con tramos en donde el bus no podía subir y tenía que recular, fui hasta Penonomé. Genial el camino y el paisaje. Desde Penonomé agarré el autobús de línea hasta Chicré para dirigirme en otro busito hasta Las Tablas, capital de la provincia ganadera de Los Santos.
Cuando iba en el autobús recibí un wassap de mi hija, comentándome lo de Barcelona, era el jueves 17. Llegué a Las Tablas y me fui directamente al hotel Piamonte, en donde ya había estado el año anterior. Como "jubilado", me hicieron un precio especial; el 50% de descuento el jueves y el 3% el viernes porque ya era fin de semana. En total 40$ por dos días. El precio más alto que había pagado, y es que..., Panamá está caro. Creo que luego, como todos, en la habitación seguí durante horas toda la información que daba TVE y el canal 24 H. Por ello había cogido un hotel con televisión por cable. Las noticias eran confusas y cambiantes a cada momento. Esto es lo que ya todos sabéis.
Salí, me fui a la terraza del Bambú, el lado de la iglesia de Santa librada y allí con una pechuga de pollo a la plancha y (sin arroz), y una cerveza, fuimos haciendo tiempo. 
Para las 7 de la tarde, cierran todos los comercios, y para las 9 de la noche ya no anda nadie por la calle, solo los que salen de esas misas tan largas que se realizan en la iglesia que hay en La Plaza de armas, dedicada a Santa Librada (Santa Gallega).
El viernes 17, agarré un busito y me fui a Pedasí. Un enorme cartel daba la bienvenida; Bienvenido al pueblo donde nació la única presidenta que ha tenido Panamá, Mireia Moscoso. Yo no venía por la ex-presidenta, sino por tratar de ver ballenas.   Fui a la caseta de información y turismo y allí me informaron de que el  barco para el avistaje costaba 120 4 a dividir entre las personas que lo alquilaran. Yo ya tenía claro lo mío. Estaba dispuesto a pagar 20 $ y si no media vuelta. 
Cuando me puse a caminar hacia la Playa el Arenal, desde donde salían los barcos, vi como una americana mayor, jubilada y alta, venía por el mismo camino. Yo ya la había visto en el puesto de información y turismo. Le esperé para caminar juntos y en su medio español, me contó sus andanzas. Ella era estadounidense, pero al jubilarse, había vendido todo y ahora como ella dijo era FREE, libre. No tenía casa, se dedicaba a viajar por el mundo. Tenía visa de estadía de un año para Colombia y tenía su centro de operaciones en Salento, un pueblo colombiano precioso. Había hecho el camino de Santiago y estaba ahora recorriendo Sudamérica, para en noviembre ir hacia Barcelona y seguir rumbo. Admirable, de verdad, además yo pensé que tendría que esperarla y andaba más rápida que yo. Cuando al cabo de media hora de andada llegamos a la playa me dejó a mí el peso de las negociaciones. En fin, fueron un poco largas, pero di el OK cuando un barquero nos propuso llevarnos, junto a una familia de italiano, a Isla Iguana, desembarcar a ellos allí y continuar una hora con nosotros dos solos, intentando ver ballenas. 
Eso hicimos y ver ..., vimos, pero las ballenas no se quedan para la foto. Cuando la ves de lejos y te acercas, ha desaparecido. Tú te quedas, con la cámara de fotos escrutando el mar y, de verdad, no hay peor rollo, que otear el mar a través del visor de la cámara tratando de captar a la ballena cuando salga. Tiré unas cuantas fotos, en la mayoría de ellas solo se ve el mar, pero yo como en el libro del Principito se Saint Exupery, cuando el principito le pidió que le dibujara un cordero el adulto le dibujo una caja, y cuando el principito le interpeló diciéndole que era una caja el otro le contestó que "el cordero está dentro". Yo os aseguro que en la foto en la que solo se ve el mar, la ballena está debajo.
Cansado ya de la santa cámara de foto y el visor opté por dejarla en la barca y entonces sí que pude observar tranquilamente a unas tres ballenas jorobadas. No eran como las ballenas que había visto hace años en Argentina, pero ver una ballena en su elemento natural siempre impresiona.
El barquero había cumplido lo establecido y pasada la hora volvimos a la playa. La americana no salía de su asombro: por 20 $ y ¡una hora!, me decía. No se lo podía creer. No acabó allí todo sino que para volver, no llevábamos ni un minuto caminando cuando hice autostop y el primer coche que pasaba nos paró. Nos llevó hasta el pueblo y allí me despedí de Suzanne, que me fotografiaba, yo creo que como reclamo publicitario para regatear precios.
Vuelta a casa y a la "normalidad". Seguí los acontecimientos de Cataluña, leí el Héroe discreto de Vargas Llosa y comí pollo a la plancha en el Bambú. Al día siguiente me volvía par El Valle.
El sábado 19 no comenzó bien. Cogí un busito, y a mí que me encanta ir al lado del chófer y contemplando todo, me jodieron. Un extranjero había ocupado con mochilas el asiento del, digamos , copiloto, y llevaba una tabla de Surf, apoyada sobre las mochilas de este asiento y en diagonal atravesando mi "espacio Vital", apoyaba el final de la tabla en el suyo. Nadie podíamos ver lo que sucedía carretera adelante, ni cuando pedir "parada", ni nada de nada, por el gracioso extranjero. Yo estaba nervioso. Ya sé que igual yo no tenía razón, por eso no le dije nada, pero mi espacio vital en un autobús es ver lo que ocurre delante del parabrisas, y como no podía ver, me ponía nervioso. Esta es una lección sobre el espacio vital que cada uno de nosotros tenemos y que es cambiante según la situación o el lugar, pero que si nos lo invaden pasamos de estar tranquilos a irascibles, (por lo menos yo). No hubo más rollos. En otro bus llegué a El Valle y nada especial con  mi amigo José Carlos, porque lo de las cervezas, pasa a ser habitual. Vi el Osasuna Sevilla Atlético, gracias a la gentileza del "chino", que conectó su ordenador con la pantalla de tv, a sugerencia de José Carlos, y pese al empate, puedo decir que lo estuve viendo en pantalla grande en un pequeño pueblo de Panamá. 
El domingo 20 volvía para casa, tras dos días sin parar de llover. Mis hijos estaban bien y mis suegros también. Esto se acaba, si puedo haré la última crónica en el aeropuerto o al llegar a Pamplona. Agur a Todos. Daniel.



                                                                          FINAL DEL VIAJE
Crónica del día 31  de agosto


Se me hace muy difícil escribir desde Pamplona. Pierdes el hilo conductor que era el viaje, y además, parece que todo eso fue hace un siglo. El lunes 21, había quedado con mis amigos, ex-alumnos, lesakarras, Josu Irigoyen y Peio Fontán. Estaban en el hotel California (como la canción) en el barrio de Bella Vista. Muy bien el hotel, teniendo en cuenta que los meses de julio y agosto, tiene precios especiales por lo bajo. Esto lo pongo por si alguno se anima a ir a Panamá. 
Lo que hicimos fue, caminar y caminar por: Caledonia, La Central y el casco antiguo. Les gustó mucho, pues como ya he dicho en alguna ocasión, el Casco Antiguo, está sufriendo una remodelación total. Todas las casas viejas, están siendo remodeladas y sus antiguos habitantes, fueron desplazado0s a otros lugares. Es un lugar ideal para sacar fotos, visitar el museo del Canal, para saber un poco de la construcción de dicha obra y relajarte comiendo por aquí. Es difícil encontrar un sitio barato, pero nosotros encontramos uno: el restaurante Casablanca.
Luego regateé para conseguir un taxi que nos llevara al paseo Amador y a la antigua isla Flamenco. Actualmente ya no es isla, pues con la cantidad de tierra que sacaron del canal, unieron las tres islas e hicieron un paseo enorme. 
Todo fue bien, pero a la vuelta cogimos un autobús para que nos sacara de este lugar y..., más de 1 hora para salir, pues se formó un " tranque ", que nos retuvo más de media hora sin movernos del bus. Una pequeña cena en Albrook, que pagó Peio, porque había perdido la apuesta sobre el tiempo que nos iba a costar salir de las islas y llegar a Albrook .Desde aquí al Metro, que funciona maravillosamente y a casa. Por la tarde me había tomado la presión arterial, con un técnico de Urgencias médicas, que por medio dólar te la tomaba y por 1 dólar aparte de la presión arterial, también el Ritmo Cardíaco. 
No me lo podía creer. Salió todo genial y al ver los resultados, estuve por decirle que me hiciera analítica de todo. Supongo que si en vez de un dólar le doy cinco, los resultados hubieran sido de fantasía.
El martes 22 era el día de la vuelta. Como me levanté tarde, en mi sitio habitual de café, ya no quedaban hojaldras, y en el sustituto, no tenían café pero si hojaldras. Pues, ya podéis imaginar lo que hice, en un sitio compre el café, para llevar, y en el otro desayuné con las hojaldras.
Fui a internet y tenía un mensaje de Iberia para poder hacer el Chek-in, por internet. Me costó su tiempo, pero lo hice, así cuando fui al aeropuerto al mostrador de Iberia, me dieron la tarjeta de embarque que había conseguido por internet.
Todo Panamá está en obras, y para llegar al aeropuerto nos costó Dios y ayuda. Yo nervioso claro. Pero es que están haciendo la prolongación del Metro hasta el aeropuerto, otro aeropuerto al lado del actual, y más vale que terminaron la ampliación del canal.
La chica del mostrador se portó muy bien, y nos dio tres asientos que estaban prácticamente juntos, independiente de los que me habían asignado por internet.  El vuelo duraba 9 horas y 15 minutos, y fue lo que exactamente duró. Fue un vuelo tranquilo y sin sobresaltos. La distancia de Panamá a Madrid son 8.168 Km o 5.075 millas. Todavía tuvimos que estar 4 horas en Barajas, esperando el empalme con el vuelo de Pamplona, Pero hacia eso de las tres de la tarde aterrizábamos en Noain, poniendo fin al viaje de...este año. Agur. Daniel